Un blog personal sobre el carril bici que une Tres Cantos con Madrid y Colmenar Viejo.
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sábado, 9 de marzo de 2013

Pedaleantes por el mundo (III) - Panamá

Continuando en diferido el viaje que hizo mi amigo Oli por las Américas (que podéis ver íntegramente en silencioseviaja.com), hoy quiero compartir con vosotros uno de esos momentos en los que sus ojos fueron los de Por el carril bici desde Tres Cantos.

Aquí podéis apreciar este carril bici (o, hablando con más propiedad, acera bici, por lo menos por lo que se aprecia en la imagen) en uno de sus tramos por Ciudad de Panamá.


La ciclovía (nombre que recibe allí esta infraestructura, y que nos confirma el cartel de la foto) recorre todo el paseo marítimo (conocido como el "Corredor").

Al parecer la ciclovía adolece de los mismos problemas que las vías similares hechas en España (problemas sufridos especialmente en la zona urbana de Tres Cantos): los peatones circulan impune y alegremente por la acera bici, como se puede apreciar en la propia foto. Si bien el problema posiblemente no sea tanto de los rebeldes peatones, sino de una infraestructura que invade el espacio dedicado a pasear y relajarse (algo que por suerte está cambiando en España, a juzgar por lo que se dice del carril bici de la calle Arenal Mayor [editado: perdón por el despiste, la calle Arenal no tiene carril bici] de Madrid, y que todavía no he tenido tiempo de visitar en persona).

Pero en Panamá parece que se añade un elemento: por la ciclovía del malecón también transitan... ¡policías en quads! (por lo visto no tienen tantas ganas de darle al pedal como los dublineses, debe de ser que van sobrados de gasolina).

domingo, 13 de enero de 2013

Canicross de Cercedilla con Cosme

Hola, soy Cosme, el perro de Eynar. Voy a aprovechar que Eynar se ha ido un momento a hacer café para escribir aquí (hace casi un mes que espero a pillarlo despistado con la sesión abierta).

Bueno, lo que os quería comentar... el pasado 2 de diciembre parecía un día cualquiera. En esos días (los días cualesquera) un perro como yo normalmente está sobando por la noche hasta que por la mañana sale del dormitorio alguno de los humanos. Entonces me pongo muy contento, porque bajamos Eynar y yo un rato a la calle. Después se marchan todos y antes de salir por la puerta me dejan la comida. Entonces me echo otra siesta, o si oigo algún ruido ladro un poco para ahuyentar a los malos. Luego, cuando regresan, es mucho más divertido: andan de un cuarto para otro, bajamos a la calle, se hace la cena... y dos o tres días a la semana Eynar y yo salimos a hacer canicross conmigo por el Parque Central.

Los días de canicross son muy divertidos. Ahora que es invierno casi siempre se nos echa la noche encima. Eynar se coloca un cinturón, a mí me pone un arnés, y yo voy tirando de él todo lo que puedo. Generalmente vamos muy concentrados.

Pues bien, el 2 de diciembre empezó como un día cualquiera. Salió un humano del cuarto (en esta ocasión fue Eynar), desayunó, preparó las cosas para salir. Y cuál no sería mi sorpresa cuando veo que... me da un poco de comida (menos que la habitual) y me pone el arnés como si fuéramos a hacer canicross por la mañana.

«Pero Eynar, ¡que todavía no ha amanecido!»

¡Por cierto, qué frío que hacía!

Y curiosamente, no vamos a correr. Vamos hasta el cercanías, como cuando bajamos a Madrid a ver al resto de la familia. La sorpresa no acabó allí, efectivamente: no íbamos a Madrid. ¡Era todo muy raro! Estuvimos un rato largo en el tren, bastante más de lo que suele tardar para ir a Madrid (de hecho, hicieron falta dos trenes).

Al salir, llegamos a un sitio que no conocía de nada. Nunca había estado allí. Eynar parecía saber a dónde iba, así que allá que fuimos los dos. Tras un paseo, llegamos a un lugar con un montón de perros como yo. ¡Pero muchos muchos! Muchos más que en el Parque Central un sábado por la tarde. Y estaban bastante contentos, como si fuera a pasar algo muy divertido. Había un par de perrotas muy interesantes, todo hay que decirlo. Me dieron bastante agua. Eynar mientras tanto iba charlando con otros humanos.

Llegado un momento, todos los humanos y todos los perros nos juntamos. Ahí cogí un poquito de miedo, tengo que reconocerlo, porque los demás perros estaban ladrando muy fuerte, muy emocionados. ¡Algo iba a pasar y yo no entendía nada! Los perros sentados entre las piernas de los humanos. Los humanos mirando a sus pulseras. El frío se hacía notar en las narices. El sol de la mañana bañaba las laderas de las montañas. Los perros mirando al frente, y yo mirando a mi rabo, que estaba entre las piernas.

Y entonces todos salimos corriendo. ¡Todos haciendo canicross! ¡Por las calles! ¡A la vez! Fuimos lanzados, tirando de los humanos, que siempre andan rezagados (yo creía que era sólo mi humano, pero parece que los demás humanos son por el estilo, ¡panda lentorros!). Llegado un momento salimos del pueblo y empezamos a subir, montaña para arriba. El asfalto quedaba atrás. Hola tierra. Hola césped. Hola arroyo. Hola nieve... Sí, había mucha nieve. Eynar pareció no sentirse bien, tenía cara como si fuera a vomitar o algo, fue una pena, porque nos adelantaron unas cuantas parejas al grito de «pasooooo».


Foto cortesía de Laurix
(pincha en su nombre para ver más fotos de la carrera)

Luego, tras correr un rato, empezamos a bajar. Eso sí que fue divertido. Bueno, eso creía yo... porque entonces Eynar volvió a quejarse. Parece que por esa fea costumbre de usar sólo dos patas en lugar de cuatro, estaba preocupado de caerse. Muchas excusas: que si con la nieve uno se desliza, que si hay muchas piedras, que si vamos cuesta abajo... bueno, el caso es que con la tontería nos adelantaron algunos más, pero por suerte Eynar ya no tenía cara de vomitar y seguimos corriendo.

Fue todo muy emocionante, y muy rápido. Apenas llevábamos un ratín, y empezamos a entrar otra vez en el pueblo. Entonces llegamos al lugar de partida, y todos los que estábamos corriendo nos paramos. Había muchos bebederos con agua (qué bien) y me dieron una bolsita con pienso para comer. Nunca había visto algo así. He oído por ahí que la próxima carrera a la que vamos es a un sitio que se llama Guadalajara, el próximo 7 de abril.

Uy, os voy a dejar que ya llega Eynar con el café.

jueves, 11 de octubre de 2012

Víspera de la carrera más larga

Mañana es el día más importante del entrenamiento del maratón que voy a correr en Dublín: ¡la carrera más larga! En contra de lo que yo pensaba, décadas de estudios, pruebas y errores en entrenadores de maratones, la carrera más larga no es tan larga como el maratón en sí. Son unos 30 kilómetros. Después toca "descansar" (que en realidad consiste en seguir corriendo varias veces a la semana, pero sin machacarse mucho) hasta el día del maratón.

Yo ya me he trazado un plan: voy a hacer Tres Cantos - El Boalo, pasando por Colmenar Viejo y Manzanares el Real, en total 32 kilómetros. Unas tres horitas de... em... no sé cómo llamarlo, pero placer desde luego no. Llamémoslo sensaciones. Ya he quedado con amigos que van a ir allí a esperarme. No escribo más porque quiero dormir bien.


Iglesia de San Sebastián Mártir, en El Boalo [Fuente: Wikipedia]

Os tendré informados ;)

lunes, 13 de febrero de 2012

Pedaleantes por el mundo (II) - México

Mi amigo Oli ha hecho recientemente un espectacular viaje por América (que podéis consultar en su totalidad en silencioseviaja.com). A modo de corresponsal para «Por el carril bici desde Tres Cantos» en México DF (conocido por algunos como "Ciudad de Méjico", por aquello de la "j" que sería la herencia del reajuste fonético que sufrió nuestra lengua en el siglo XVII), Oli me mandó noticias y fotos de ciclistas urbanos (y ciclistas domingueros) de dicha ciudad.

Estupendo material para una entrada de la sección de pedaleantes por el mundo.

Por lo que me cuenta Oli, esta ciudad, una de las mayores urbes del planeta, parece no tener aún mucha cultura de bici. Muchos ciclistas hacen sus recorridos por las aceras en lugar de emplear la calzada (un poco como hacen muchos en España, lamentablemente).

Sin embargo, los domingos por la mañana se cierran los carriles centrales del Paseo de la Reforma (la Castellana mexicana), y se prestan bicis gratuitamente, con lo que muchos defeños (gentilicio empleado para la gente de la capital) se animan a pedalear un rato.

Aquí tenéis algunas fotos del evento:





El servicio de préstamo gratuito es hasta las 16:00, pero el Paseo de la Reforma está cerrado al tráfico motorizado sólo hasta las 14:00. Con el servicio de préstamo viene incluido el casco (desconozco si será obligatorio ahí), y además hay puestos de reparación en cada glorieta (na menos). Los domingos también se pueden llevar bicis en el metro.

Con esto intuyo que el ciclismo dominguero está muy bien cuidado en esta ciudad.

En cuanto al ciclismo urbano, desconozco de primera mano cuál será la realidad, pero nos comenta nuestro corresponsal que al parecer el alcalde y concejales de la ciudad están obligados a ir al menos un día a la semana en bici a su trabajo (¡guau!).

Oli también nos manda esta foto:



Desconozco si la virgencita estará ahí como cortesía del servicio de préstamo, para dar suerte en los puntos negros del recorrido, o si es simplemente porque quien instauró el servicio es muy religioso, pero no deja de llamar la atención para alguien de este lado del charco.

Por último, comentaros sobre el servicio de alquiler de bicis de la ciudad. Se llama ECOBici, y tiene esta pinta:



Que como dije, es gratuito los domingos por la mañana. Por lo visto los defeños no se toman a la ligera los robos de bicicletas, lo cual está muy bien. Aunque tienen métodos un tanto curiosos para disuadir a los cacos. A los que pillan, tratan de hacerles famosos poniendo su careto en lugares bien visibles, como aquí:

jueves, 10 de febrero de 2011

Fartlek segoviano

Hoy tocaba hacer fartlek, y la agenda estaba apretada. De entrada, estoy de viaje de trabajo. Los días son intensos, empiezan a las 8:30 de la mañana y terminan a las tantas. Pero eso sí, me he traído todo lo necesario para correr. Así que sólo hacía falta un ingrediente para no saltarme el fartlek de hoy: ganas de levantarme a las seis de la mañana.

Dicho ingrediente no lo encontré, pero al igual que un buen cocinero, encontré un buen sustituto que me valió: el ingrediente en cuestión se llamaba «no hay más narices».



El Acueducto de Segovia [Fuente: Wikipedia; ¿que por qué? Pues porque me he dejado el adaptador de la tarjeta de Ceniciento en casa]


Así que me puse las zapatillas, salí del lugar en el que me alojaba y a correr. Estaba a algunos kilómetros de Segovia, pero no tardé mucho en pasar debajo del acueducto. Por el camino vi dos iglesias románicas que según el cartel eran la Iglesia de San Millán y la de San Clemente. Luego seguí corriendo un kilómetro y pico más y di media vuelta. Ducha y a correr que no hay tiempo para desayunar. ¡Y que me quiten lo bailao!

Por cierto, no me olvido de que tenemos pendiente un chocolate con churros/porras; no me corresponde invitar porque superé el reto chocolatero, pero estaría bien celebrarlo. Y otras cosillas de las que os hablaré cuando tenga algo más de tiempo.

sábado, 27 de marzo de 2010

Perros del carril bici (ii)

Siguiendo con el censo perruno del carril bici, hoy os presento a Rex, un amiguete que conocí cuando empecé mis andanzas por el carril bici, el día de la gran nevada de enero de 2009:



Rex es un pastor alemán que ahora tiene cuatro años y que vive en una casa que hay cerca de la rotonda donde está la desviación hacia Alcobendas. Es también muy bueno en su trabajo. Normalmente, cuando paso por allí suelo silbar o tocar el timbre, ya que hay que pasar por un túnel antes de llegar a la Autónoma y es importante que un posible ciclista al otro lado sepa de mi presencia. Rex casi siempre se percata y aunque no me vea, suele ladrar.

Desde aquí, si me lee su amo, le doy las gracias por enviarme esta foto, ya que aquel día la batería de Ceniciento andaba floja.

jueves, 29 de enero de 2009

قرطبة

Imaginemos por un momento el mundo hace mil años. Mil años. Es fácil decirlo, pero no basta con decirlo, además hay que imaginarlo. No había electricidad, ni comunicaciones (aparte de palomas mensajeras, mensajeros y sistemas por el estilo). Casi todos los vehículos estaban limitados a animales o barcos. Las distancias eran mucho mayores y el mundo parecía más grande. Una población de 2000 habitantes se podía considerar grande, y la gente contaba las veces que había ido en su vida a la "ciudad grande", que probablemente hoy en día sea una capital de provincia, o quizá no llegue a eso.

Hace mil años la gente estaba acostumbrada a ver a lo largo de su vida un mundo poco cambiante, constante en el tiempo, y con gentes de constumbres similares en los alrededores (la excepción a esto quizá fueran los puertos, donde llegaban gentes de lugares muy lejanos y que hablaban lenguas extrañas).

Hace mil años, en el año 1009. La cantidad de gente que sabía leer y escribir en el mundo era probablemente equivalente a la gente que hoy en día es capaz de programar en C. No es que fueran todos unos incultos, es que nadie sentía la necesidad, excepto los profesionales de la escritura (igual que hoy en día sucede con los programadores).

En ese mundo tan distinto, donde las ciudades eran islas en medio de los campos, y no al revés, la Península Ibérica estaba dividida entre tres culturas: los cristianos, los musulmanes y los judíos. Tres religiones que habían hecho de los temores y necesidades de la población una herramienta de poder. Tres religiones cuyas gentes, sin plantearse siquiera otra forma de vida, consideraban que habían evolucionado mucho con respecto a sus ancestros paganos, que creían en muchos dioses, todos ellos falsos. Unos pensaban que aún tenía que llegar el mensajero del dios único, para que les indicara el camino. Otros pensaban que ya había llegado mil años antes. Y los terceros creían que aquel mensajero era un gran profeta, pero que no había sido el último y que hubo otro que completó lo que hasta entonces se había dicho. Todos pensaban llevar la razón y que los demás se equivocaban. A veces esto conllevaba guerras y sangre. Otras veces no, y conseguían convivir en paz.

En este mundo, había una ciudad, hace mil años, que destacaba por encima de todas las que estaban a su alrededor. Una ciudad cuyo esplendor era admirado y envidiado. Córdoba. 365 000 amaneceres separan ese mundo del mundo de hoy.

Dediquemos unos segundos a imaginarlo.













Durante esos 365 000 amaneceres hubo muchos cambios. A los pocos días, en el año 1009, el Califato de Córdoba comenzaba a sumirse en una profunda crisis. El hijo de Almanzor fue asesinado, lo que supondría el comienzo de una guerra civil.

Al final, una de las tres culturas de la Península logró imponerse a las demás, reescribiendo como podían la historia para indicar que ellos eran los que mejor hacían las cosas. Las gentes de hoy son los descendientes de los de antes; al fin y al cabo, sólo se marchó la aristocracia, pero es que cuando llegaron, también vino únicamente la aristocracia; la gente es la misma desde tiempos prerromanos (todo esto según un artículo de Nature o Science que leí hace muchos años, y según el cual sólo hubo un intercambio genético del 6% entre la Península y el Norte de África; si alguien encuentra el artículo, que deje un comentario). De modo que creo que la frase "cuando estaban aquí los moros" es equivocada, deberíamos decir más bien "cuando nosotros éramos musulmanes". Puede gustarnos o no, pero siendo como era que en aquellos tiempos la cultura y la ciencia se transmitían a través del mundo árabe, podemos estar bien orgullosos de ello.

365 000 amaneceres más tarde, un tipo que en su tiempo libre escribe un blog sobre sus aventuras en un carril bici visitó esta ciudad por razones de trabajo. Y ahora paso a hablar en primera persona.

Nunca había estado antes en Córdoba, y lamentablemente, por diversas razones, no iba a tener nada de tiempo para visitar la ciudad a pesar de que me iba a quedar tres días.

El segundo día me tocaba correr. Rechacé ir a cenar con los compañeros para poder levantarme a las 5:30 de la mañana y salir a que trabajaran mis zapatos. El hotel, se encontraba cerca de una especie de paseo/parque entre la avenida de la Libertad y la avenida de América. Un paseo estupendo al que tenía pensado darle diez vueltas. Más que nada porque cuando corro una de las cosas que más odio es tener que pararme en los semáforos. Como tampoco me gusta saltármelos, lo que suelo hacer es adaptar mi recorrido de manera que no tenga que cruzar ninguna calle, como hacía en Dublín cuando daba diez vueltas a la manzana que había enfrente de casa. Dar diez vueltas al paseo era suficiente para mantenerme entretenido cerca de una horita.

A las 5:30 sonó el despertador y salté de la cama. Si me levantaba más tarde ta no me iba a dar tiempo para correr, así que había que aprovechar. ¡A correr!

Historia de una carrera por una ciudad con historia

minuto 1> Cruzo la calle y empiezo a correr. No sé si a la recepcionista del hotel le habrá parecido normal ver a un tipo salir de manga corta en invierno, pero con guantes y bufanda, pero me da igual.

minuto 4> Entrando en calor. Mientras voy completando la primera vuelta paso el rato pensando en la ciudad que estoy visitando y no visitando a la vez. Y en la ilusión que me haría ver la mezquita. Y me fijo en que siendo tan pronto, apenas hay coches por la calle. Y que se puede cruzar la calle sin tener que parar ni ponerse en peligro (ni un coche en el horizonte). Y... caramba, quiero ver la mezquita, ¡y ahí mismo decido que la voy a ver! No tengo ni idea de dónde está, pero tengo cierta idea de dónde está el centro de la ciudad, más que nada porque sé que estoy al norte, así que me desvío de mi recorrido cerrado inicial y me lanzo a la aventura. Voy corriendo por la avenida del Gran Capitán.

minuto 6> Paso al lado del Corte Inglés. Adelanto a dos chicas que andaban como si estuvieran un poco borrachas y que se asustaron al verme pasar. Oigo detrás que se ríen por haberse asustado, y al parecer los efectos del alcohol las lleva a intentar seguirme corriendo (por lo menos eso intuyo por el ruido de los tacones), pero sólo unos segundos. Un mendigo que estaba durmiendo en la calle asoma la cabeza para ver quién anda corriendo y qué pretende. Le he despertado.

minuto 7> De vez en cuando paso cerca de algún edificio que parece antiguo, pero no se trata de la mezquita, fijo. Tengo una teoría: cuando vea la mezquita sabré reconocerla. No la he visto nunca, y tampoco la recuerdo bien en fotos (siempre que he visto fotos de la mezquita la he visto por dentro, y en esta ocasión sólo iba a poder verla por fuera). Corriendo corriendo, me termino la avenida del Gran Capitán.

minuto 8> voy corriendo por calles cada vez más estrechas y cada vez más peatonales. La ciudad pasa de parecer Madrid (con el Corte Inglés, calles anchas, y cosas por el estilo) a parecer un encantador pueblecito manchego de casas bajas. Otras veces me recuerda a las callecitas de Toledo. Es buena señal, eso es que estoy en el centro histórico. Sigo corriendo en la misma dirección, o por lo menos todo lo recto que me dejan ir las calles. Si me paso, el Guadalquivir me indicaría que tengo que retroceder.

minuto 9> Calles cada vez más pequeñitas. Salgo a una calle más grande. Se ve una torre en una esquina, y el suelo es de adoquines, como los que hay enfrente del museo de El Prado.

minuto 10> el edificio es grande, y lo voy bordeando en el sentido de las agujas del reloj. Es grande... ¡¡Es la mezquita!! ¡No puede ser otra cosa! Y la torre era el minarete/campanario. Se ve una imagen de una virgencita antes de llegar a la esquina. Voy mirando a la fachada del edificio.

minuto 11> Se ven muchas puertas con todo el aspecto árabe que puede tener una puerta. Y ventanas. Está como reconstruido, pero se percibe perfectamente el aspecto austero árabe. Nada de imágenes, como mucho figuras geométricas. Las limitaciones incentivan la imaginación. No se pueden hacer imágenes de seres humanos, pero uno puede hacer todos los motivos geométricos que quiera. En esto recuerdo la Alhambra, palacio campeón del mundo en geometría.

minuto 12> Le doy una segunda vuelta. Es impresionante. En parte porque estoy solo. No hay nadie en la calle, sólo yo corriendo, como un loco, alrededor de la mezquita. Es una interacción entre ella y yo. O mejor dicho, entre los geniales arquitectos que la construyeron y yo. Ellos murieron hace mucho tiempo, pero siguen hablando conmigo a través de su obra. Así, en soledad, es mucho más impresionante. Sin guiris ni gentes locales que distorsionen el significado de lo que representa. Si no miro a mi izquierda, que es dónde están los distintos locales y tabernas del siglo XXI, es como si estuviera allí, hace mil años. Las gentes de la Córdoba de aquel tiempo podrían estar durmiendo, y yo por ahí corriendo antes del amanecer. Es una emoción que no sé muy bien cómo describir.

minuto 17> Tras un par de vueltas me fijo en una especie de puerta o arco grandote, y tiro para allá.

minuto 18> Oh, pero si estaba al lado del Guadalquivir, ¿o debería decir Wadi al-Kabir? (río grande, en árabe) Y mira, hay un puente. Un puente que parece muy viejo y que en mi ignorancia no sabía en ese momento que era un puente tan romano como el de Mérida sobre el Guadiana. Como no podía ser de otra manera, a por el puente voy.

minuto 19> En el otro extremo del puente hay otro arco inmenso, muy antiguo y muy bonito. Corro al otro lado del río. Ahora que veo la Mezquita en la distancia... ¡ya no parece una mezquita! Ahora se parece mucho más a una catedral cristiana. Y es que se nota que construyeron una sobre la otra. Cuando corría justo al lado apenas había ángulo para ver la parte superior. Ahí era una mezquita. Ahora, desde el otro lado del río, y con los laterales cubiertos por las casas cercanas ya no era una mezquita. ¡Magia! Pero magia de la buena, ríete tú de David Copperfield. Convertir una mezquita en una catedral en un minuto no es algo que se pueda ver en muchos sitios del mundo.

minuto 23> Corro por el otro lado del río hasta el siguiente puente. Un puente con un aspecto muy moderno y con el número 2003 marcado en cifras grandes (el año en que se terminó, vamos, digo yo).

minuto 25> Regreso a la mezquita y doy otro par de vueltas. Qué maravilla. La única imagen humana que veo es la de la virgen. No sé si hay más, pero uno cuando va corriendo tampoco tiene mucho tiempo para fijarse en los detalles. Pero es que esta es la historia de una carrera, y si me paro ya no estaré corriendo. No es bueno ni malo, pero es una forma de darle un carácter a mi visita a Córdoba.

minuto 26> Me decido a emprender la vuelta. Va a ser más difícil, tiene pinta de que va a ser cuesta arriba, por eso de que uno se aleja del río, pero no importa.

minuto 28> Corriendo por las callecitas pequeñas y estrechas del centro, paso por un edificio que tiene un cartel donde pone "La Sinagoga". Una fachada que no tenía nada de particular, aparte de que parece ser muy vieja. Si no es por el cartel ni me hubiera fijado. En medio de las callecitas, entre casas, parecía como si estuviera mimetizada. También me fijo en una estatua que luego supe que era de Maimónides. Claro, ¡quién si no!

minuto 32> Salgo por un lateral pasando por una puerta por un lugar que parece una muralla (luego miré y supe que se trataba de la Puerta de Almodóvar), y aparezco en una avenida grande. En dos metros me he salido del centro histórico. Parecería el Paseo de la Castellana si no fuera por las palmeras. Qué curioso. Edificios de apartamentos, bares. Qué contraste. Han pasado mil años en un abrir y cerrar de ojos. Con sólo cruzar una puerta.

minuto 35> Voy corriendo por la avenida aquella. Ni idea de dónde estoy, pero imagino que corro hacia el norte. No había pasado antes por ahí. Sí, ahora estoy oficialmente perdido. Bueno, no es tan grave, la ciudad no es grande.

minuto 36> Me meto por una de las callecitas a la derecha, y de pronto llego a la avenida del Gran Capitán. No sé mucho de Córdoba, pero por suerte sólo he estado perdido unos pocos minutos. Tengo suerte de tener buena orientación.

minuto 38> Vuelvo a pasar por el Corte Inglés, una de las referencias que tengo... Aún no hay tráfico ni nada. El que salga a esta hora a trabajar no se puede quejar de atascos.

minuto 40> Llego al paseo del principio, y le doy otra vuelta pensando en la carrera tan buena que me he dado.

minuto 45:12.68> Llego al hotel. Ahora toca una ducha, desayuno y vuelta al curso de bioinformática en el campus de Rabanales. ¡Qué bien lo he pasado! No tengo palabras, pero sí muchas emociones.

domingo, 11 de enero de 2009

Todos los caminos conducen a Tres Cantos

Nota: cuando pongo «SRTC» quiero decir «sistema de referencia de Tres Cantos», es decir, la distancia que hay por el carril bici desde el puente por en que se entra al norte de Tres Cantos.


Todos los caminos conducen a Roma. Bueno, aquí no... aquí conducen a Madrid (todo el mundo sabe que en esta parte del mundo los mapamundis son de Madrid). Y si no que se lo digan a los distintos usuarios de la A-1, A-2... A-N.

En Roma el kilómetro cero venía indicado por el Milliarium Aureum (menudo palabro, ¿eh? ¿a que asusta?), y como España no podía ser menos que el Imperio Romano, se hizo un kilómetro cero en la Puerta del Sol. Normalmente las distancias de las carreteras se indican desde la famosa baldosa de susodicha plaza; lo mismo pasa con los números de las calles. La foto siguiente la he sacado de la Wikipedia (concretamente, de aquí), y no es más que la baldosa mencionada:



Esto, que no creo que sea ningún secreto para la inmensa mayoría de los muchos lectores de este blog, queda muy chulo para comentar un hecho completamente irrelevante: puesto que no vivo en la Puerta del Sol, me he dedicado a hacer un cambio de coordenadas para poder medir mis carreras.

Puesto que yo vivo en Tres Cantos, todo el rollo ese de las distancias a la Puerta del Sol no es de mucha ayuda para saber cuánto me queda para llegar al trabajo en mi carrerita diaria. Así que desde un punto de vista meramente tricantino que se adapta a mi realidad actual, he tomado algunas medidas.

Y ustedes dirán ¿para qué esta pérdida de tiempo? No, no me refiero a la perdida de tiempo del lector mirándose esta página (eso ya lo sabrá usted), sino más bien a ¿y a mí qué leches me importa medir mis carreras? Bueno, pues para mí es importante conocer las distancias, ya que de otra forma no podría saber a qué ritmo he estado corriendo antes de terminar la carrera (ya que saberlo cuando ya he terminado no es muy útil). Cuando se quiere mejorar la velocidad o quemar calorías, el ritmo es importante, ya que hay una velocidad óptima para cada caso (algunos especialistas hasta hacen tablas con todo esto).

Por otra parte, puesto que un factor muy importante de mi motivación está en el competir conmigo mismo, si identifico cada lugar puedo ir comparando mis tiempos con los tiempos de otras veces que he corrido y saber si voy rápido o lento.

Cuando estaba en Dublín era mucho más fácil: daba diez vueltas a la manzana. Cada vuelta, casualmente, era un kilómetro. Y así me hacía mis diez kilometritos diarios. Cada vuelta podía ver si estaba aflojando o no. Pero por otra parte tampoco me llevaba al trabajo. El aburrimiento lo combatía escuchando a Freddy Mercury (algo que probablemente el lector esté haciendo para llegar al final de la entrada de hoy).

Haciendo una pequeña investigación con la ayuda del Google Earth, he encontrado las siguientes distancias que aparecen a continuación. Me lo he currado un poco y hasta he añadido mapitas con el carril bici en rojo. Yo me despido ya, porque lo que sigue es un corta-pega del archivo donde puse las distancias de referencia...




Errores de 0.01 km
Entre paréntesis distancias desde la salida de la Universidad

desde portal de casa hasta el carril bici: 0.93 km (aquí no depende de mí la velocidad, dado que hay que cruzar calles con coches, etc)



* km0 (8.68) > bifurcación del carril bici en el puente que va a Tres Cantos norte
km 0.79 (7.89) > hay una abertura en el guardarraíl a la derecha

* km1 (7.68) > 60 m antes de la primera construcción de un conjunto que hay a la izquierda [editado: ni idea de lo que serían esas construcciones cuando el satélite hizo la foto, pero me temo que ahora sólo hay una plataforma de cemento]
km 1.27 (7.41) > justo en medio de un pequeño túnel por el que pasa el carril bici
km 1.46 (7.22) > pasando por un cruce/incorporación desde la estación de tren (los coches pueden seguir por un camino de tierra a la derecha)

* km2 (6.68) > 40 m después de una entrada en la autovía que conecta con una entrada a una ¿finca? a la derecha
km 2.56 (6.12) > a la derecha las vías del tren se meten en un túnel



* km3 (5.68) > 20 m antes de la marquesina de autobuses que hay junto al puente verde
km 3.09 (5.59) > a la altura del puente verde
km 3.89 (4.79) > a la altura del puente rojo

* km4 (4.68) > 110 m después del puente rojo (¿donde los palotes amarillos?) - hay una especie de vado de la carretera a la izquierda
km 4.08 (4.60) > el principio de una abertura al tráfico de 30 metros por la izquierda
km 4.35 (4.33) > casita a la izquierda entre el carril bici y la carretera - DIEZ METROS DESPUÉS DE LA MITAD

* km5 (3.68) > 40 m después de una ¿casucha? que hay entre el carril bici y la autovía [editado: al final no era una casucha, sino una especie de plataforma de cemento que no sé qué función tiene. ¡Qué distinto se ve todo a pie de calle!]
km 5.20 (3.48)> principio del jardín de la casa que hay a la izquierda antes de la cuesta principal [editado: a esta cuesta ya la empiezo a llamar "la Gran Cuesta", porque es la más abrupta de los 8.68 km]
km 5.55 (3.13) > una carreterilla (que sale de la casa anterior) cruza el carril bici



* km6 (2.68) > 50 m después del puente que hay a la derecha con el camino de Navalasmuelas (y antes de un puente que lleva a la izquierda a El Goloso)
km 6.25 (2.43) > El Rey Miguel (!)
km 6.78 (1.90) > encima de la mediana de la carretera de Colmenar, sobre el puente

* km7 (1.68) > 50 m antes de llegar al cartel alto con indicaciones, en medio de la carretera y la vía de servicio
km 7.58 (1.10) > bifurcación del carril bici con la llegada desde Alcobendas
km 7.67 (1.01) > debajo de la mediana de un puente por el que pasan coches
km 7.76 (0.92) > una carreterilla se cruza para ir a una casa donde ladran chuchos
km 7.84 (0.84) > división cartel Alcobendas-Madrid
km 7.89 (0.79) > comienza el contacto con la carretera sin guardarraíl

* km8 (0.68) > 30 m antes de la altura a la que empiezan las pistas de tenis a la derecha
km 8.05 (0.63) > parece que por aquí vuelve a empezar el guardarraíl
* km 8.68 (0.00) > FINAL DE LA CARRERA en las barreras de acceso a la Universidad

desde el acceso a la Universidad hasta la puerta del CBM: 0.41 km (nuevamente, en estos últimos 410 metros mi velocidad no depende de mí)

total desde el portal hasta la puerta del CBM: 10.02 km