Un blog personal sobre el carril bici que une Tres Cantos con Madrid y Colmenar Viejo.
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lunes, 11 de enero de 2010

Aniversario retrasado

El pasado sábado cumplía este blog un añito. Sin embargo no pude escribir ninguna entrada porque no tenía internet, así que aprovecho ahora.

Curiosamente, hace un año hablaba de una gran nevada. La historia se repite, porque ayer cayó una buena, y esta mañana el carril bici estaba... como el año pasado por estas fechas.



Mañana va a ser difícil correr, porque la nieve se habrá solidificado y uno se puede dejar la cadera en un desliz (si no la crisma). Pero me siento positivo, porque ayer corrí por primera vez en unas tres semanas, después de un gripazo que me tuvo bastante más parado de lo que me hubiera gustado.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Saltando por el carril bici

Pero esta vez el que salta no soy yo, sino este sapo (o mejor dicho anuro, luego os cuento por qué):



Este en concreto lo encontré por la noche, cerca del acceso norte de Tres Cantos. Supongo que las culebras de escalera los ven igual que veía a Piolín el lindo gatito.

Ya había visto sapos varias veces por el carril bici, pero normalmente iba corriendo y no me paraba a hacerles fotos. En una ocasión me encontré uno atropellado, probablemente por una bici (yo casi atropello a dos en sendas ocasiones), a la altura del hito de piedra del km 654 desde Santiago.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Nuevos pedaleantes

Como ya se ha dicho en muchas ocasiones, nadie es profeta en su tierra. Y bajo tal máxima, no esperaba convencer a usar el carril bici a Verdinha. Ya fue mucho que la convencí a usarla durante algunos meses en Dublín para ir al trabajo.

Sin embargo, hace algunos días me dio una sorpresa, y me propuso, sin yo decir nada, ir a dar una vuelta hasta la UAM.

viernes, 4 de septiembre de 2009

El camino de Santiago, desde Madrid (II)

Poco antes de empezar el verano ya os conté cosas sobre el camino de Santiago desde Madrid, la variante más chulapa de la ruta jacobea.

Pues bien, resulta que pocos días después de descubrir el hito del km 4 SRTC (es decir, entre El Goloso y Tres Cantos), mientras pedaleaba tranquilamente con Platero de camino al trabajo, me fijé en que había una especie de cruz blanca entre los arbustos. Lógicamente eso me llamó la atención lo bastante como para hacerme parar y dar con la historia que os cuento hoy.

En el hito mencionado, como ya dije, se habla de un peregrino llamado Carlos Torremocha que al parecer falleció en aquel lugar. No conseguí saber mucho más de todo esto. Pues bien, justo detrás del bloque de granito hay una cruz clavada a un árbol. Se trata de una cruz muy austera, hecha con dos tablas de compensado y con una concha encima.

Puesto que una imagen vale más que mil palabras, he aquí una foto:



Sobre la cruz aparece, plastificada para hacerla sobrevivir las inclemencias del tiempo, una noticia de una revista, al parecer relacionada con una asociación dedicada a dar a conocer la variante madrileña del camino de Santiago. Por lo visto Carlos tuvo tan mala suerte que sufrió un infarto, lo cual sólo le permitió hacer los primeros quince kilómetros del camino. Y no se puede decir que fuera por falta de ejercicio, ya que al parecer poco antes se había hecho los 100 km de Madrid a Segovia en ¡24 horas!

Si queréis leer la noticia completa, pinchad en la siguiente imagen para agrandarla:



Descanse en paz.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Corriendo al trabajo en menos de 44 minutos

Como ya dije, el otro gran logro de la quinqueta pasada fue conseguir hacer mi recorrido habitual al trabajo en menos de 44 minutos.

Hasta hoy estaban los tiempos en la columna lateral. Estos son los catorce primeros:

1) 14 de julio, 45:11.29
2) 15 de julio, 44:47.38
3) 16 de julio, 56:20.19 (recorrido irregular con Risco, de > 10km)
4) 17 de julio, 47:39.25
5) 20 de julio, 45:39.80
6) 21 de julio, 49:27.44
7) 23 de julio, 49:50.24
8) 24 de julio, 48:21.13
9) 27 de julio, 47:06.47
10) 28 de julio, 48:17.44
11) 30 de julio, 47:37.16
12) 31 de julio, 47:06.06
13) 3 de agosto, 47:34.28
14) 4 de agosto, 47:22.92


Como se puede ver, había corrido bastante (cuatro veces por semana), pero los tiempos no eran espectaculares. Así que a falta de una carrera para completar las quince que me había propuesto, decidí tomarme un descanso para reponer fuerzas y tratar de superar mi objetivo de un solo golpe. Bueno, fue un descanso para los músculos que se encargan de correr, porque mientras tanto estaba aprendiendo a nadar.

Así que el 13 de agosto me puse los zapatos de correr y manos a la obra (¿o debería decir pies a la obra?). Tengo por costumbre cronometrar mis carreras con el nokia, que además es tan majo que me pone música. Para saber si tengo que apretar más o no, tengo tomados tres puntos de referencia, que separan los cuatro cuartos del recorrido. Para correr en menos de 44 minutos, cada cuarto se tiene que hacer en menos de 11 minutos (qué listo soy, ¿verdad? Es lo que tiene el haber estudiado física, que luego uno consigue echar estas cuentas de cabeza). Para mi sorpresa, completé mi primer cuarto en tan sólo 10:32.71 (como referencia tomo un punto cercano al hito del km 654 del Camino de Santiago, desde done se pueden ver dos farolas alineadas). El segundo cuarto, para el cual tengo que tocar una señal de salida de camiones no muy lejos de El Goloso, lo hice en 10:49.02. Parece que le había ganado al tiempo otros once segundos. El tercer cuarto es más difícil, porque tiene subidas, bajadas y túneles (no tiene toboganes ni árboles con lianas porque no se les ocurrió a los que diseñaron el carril, pero no lo digamos muy alto). Aún así no perdí demasiado tiempo: lo hice en 11:16.12. Normalmente a esta altura mis piernas ya habían aflojado mucho y me acercaba a los 12 minutos, pero en esta ocasión no se rendían, ¡seguían ahí!

Me encanta ir midiendo mi tiempo así, porque es muy emocionante. Y esa misma emoción me da más energía para correr. Así que en el último cuarto puse, como se suele decir, toda la carne en el asador. Si mis piernas me lo permitían, iba a empujar todo lo posible. Al final, cuando llegué a la meta (los postes de la entrada norte a la UAM), este era el aspecto que tenía el móvil:



15) 13 de agosto, 43:28.73

Es decir, que me sobró más de medio minuto.

Supone un ritmo de apenas 5 min/km. El que se ría será penalizado con copiar esta entrada cincuenta veces a mano. De hecho, ya he corrido a ritmos más rápidos, pero o bien era hace bastante tiempo, o bien era en una carrera con más gente (lo cual añade un poco de adrenalina al asunto), o bien era en recorridos más fáciles (sin tanto sube y baja).

Pero es lo bueno de competir con uno mismo y no con los demás. Cuando competimos con los demás, muchas veces las diferencias son tales que o es muy fácil o es muy difícil lograr superarlos. Pero compitiendo con nosotros mismos siempre estamos en el punto de equilibrio entre ambas barreras de dificultad (por decirlo de alguna manera), lo cual además de hacerlo muy emocionante, nos ayuda a ser mejores.

La siguiente quinqueta ya está en marcha. En breve publicaré mis objetivos para que me pongáis a caldo si no los consigo.

sábado, 11 de julio de 2009

¡Prueba superada!

¡Sí!

Los que seguís este blog ya sabréis que suelo dividir el tiempo en periodos de cinco semanas que yo llamo quinquetas. Cada quinqueta me pongo diez objetivos. La quinqueta que ahora se acaba empezó el 8 de junio, y el objetivo relacionado con correr era el siguiente:

#5: Correr 15 veces de/a la Uni, y alguna vez en menos de 45 minutos. Fecha límite: 12 de julio.


La segunda parte la conseguí el pasado jueves, y el primero en sorprenderse fui yo: hice un récord de 44:03, probablemente la mejor carrera que hago desde que vivo en España (bueno, no llega a un año, vale, pero hace ilusión, porque últimamente estaba un poco bajo de forma). Las otras quince carreras han sido las siguientes:

1) 12 de junio, 49:42.07
2) 16 de junio, 50:31.59
3) 17 de junio, 50:46.52
4) 18 de junio, 50.00.71
5) 19 de junio, 50:40.97
6) 23 de junio, 49:10.64
7) 24 de junio (mañana), 48:22.99
8) 24 de junio (tarde), 47.49.25
9) 25 de junio, 48:25.98
10) 1 de julio, 49:56.00
11) 2 de julio, 51:27.49
12) 9 de julio (mañana), 44:03.04
13) 9 de julio (tarde), 49:25.56
14) 10 de julio, 50:49.31
15) 11 de julio, 50:22.96

En la última he tenido que recurrir al sábado, cosa rara, porque yo soy corredor de entre semana. Debido a lo que le sucedió a Platero (mi anterior bici), perdí un poco de tiempo y no corrí todo lo que hubiera querido.

No obstante, conseguí emanciparme del transporte motorizado gracias a la fórmula 1+2+1 (que explico en la entrada correspondiente); y espero que dure, porque realmente me lo paso mucho mejor pedaleando y corriendo que esperando en la parada de autobús. Mi "yo" vago siempre me dice que vaya en bus, y se inventa razones que a veces casi me creo: que si hace mucho calor, que si ya he corrido por la mañana, que si tengo que hacer la compra... ¡paparruchas! Por suerte estoy consiguiendo que gane mi "yo" con iniciativa.

¿Y para la próxima quinqueta? ¿Qué objetivos me plantearé para realizar entre el 13 de julio y el 16 de agosto? Me lo pienso el fin de semana y os lo cuento.

viernes, 19 de junio de 2009

El día de la independencia autobusera

Sí señor. Después de cinco meses y medio, lo he conseguido.

Una semana entera yendo al trabajo (y volviendo, claro), sin usar ningún medio que no fueran mis señores jamones.

Y no es porque los conductores del 827 no sean majetes, eh, que me lo paso muy bien echando unas risas con ellos.

De los cinco días de trabajo, he recorrido los diez kilómetros seis veces en bici y cuatro corriendo. Y todo gracias a (atención: redoble de tambores) la fórmula 1+2+1: ir al trabajo en bici, volver a casa corriendo (dejando que la bici duerma en la UAM), ir corriendo al día siguiente y volver en bici. Es una fórmula mucho más eficaz que la que usaba antes: ir corriendo y volver en bus (o al revés) cuatro días a la semana, e ir y volver en bici un día a la semana.

Corriendo no me he lucido, mis tiempos han estado entre 50:00.71 y 50:46.52, cuando debería ser capaz de hacer el recorrido en 45 minutos. Bueno, poco a poco.

Hoy ha sido un poco un desafío cumplir con este pequeño objetivo por dos razones: una es que dormí cuatro horas y media (cosas del trabajo y del máster) y aún así no sé de dónde saqué las ganas para ponerme la mochila azul de correr y salir zumbando (en lugar de lo que hacía antes en estos casos: prolongar el sueño en el autobús).

La segunda razón por la que se puso un poco cuesta arriba fue por la bici y sus puñeteros frenos. Según salía de la Universidad vi que los frenos ya no estaban muy allá y me dije: «vamos a hacer un alto en el camino para ajustar los frenos». Así que saco mi super llave Allen triangular y me pongo manos a la obra. Cuando ya casi lo tengo, ajusto bien fuerte la tuerca que agarra el cable de frenos... y ahí fue donde ocurrió. ¡Ay mísero de mí, ay infelice! Pues sí, resulta que pasé de rosca la dichosa tuerquecita, y mis frenos pasaron a valer menos que un paquete de pipas para loros con gusa. Esto para el freno delantero. Porque el trasero ya lo tenía que cambiar, cosa que iba aplazando indefinidamente. Y es que resulta que cambiar y ajustar los frenos es la cosa que más odio del maravilloso mundo de la bicicleta.

Pues en esas estaba, sin frenos y a ocho kilómetros de casa. ¿Qué hacer? Pues gracias a Paula aprendí un truquito muy sencillo que puede salvarle a uno el pellejo en estas situaciones (y que no recomiendo a nadie como solución regular): frenar con el freno de emergencia, el pie. Bueno no, el zapato, claro. No, brutos, no se frena con el pie en el suelo, no, ¡que una bici no es un troncomóvil! Se trata de frenar empujando hacia abajo, con el pie, el guardabarros de la rueda trasera de forma que éste apriete la rueda. Requiere un poquito de práctica, pero no es difícil. Así fue como llegué a la tienda de bicis de la Segunda Fase (Tres Cantos sur, para los no tricantinos) donde compré los frenos.

A Platero le queda un recuerdo de este día: el boquete



Si es que la fuerza de rozamiento no perdona...

Y a mí me queda otro recuerdo: la primera vez que paso por el famoso puente verde que veo todos los días...

martes, 3 de marzo de 2009

El efecto sonajero

Había pensado en titular a esta entrada «El efecto sonajero».

Mirando en el google me he enterado de que hay quien usaba ya este término antes de que se me ocurriera a mí. Al parecer se conoce como efecto sonajero al fenómeno por el cual un ciudadano extracomunitario que está pagando una hipoteca se las pira dejándole el marrón al banco. Se llama así al parecer por un pseudocalco del inglés (jingle mail), debido a que cuando el hipotecado en cuestión está sobando en el avión camino de su ciudad natal, le deja las llaves a un primo, un cuñado, o al gato, que se presenta en el banco para declarar el marrón, haciendo sonar las llaves cual sonajero.

Bueno, pues no es este el efecto sonajero del que quería hablar yo, no. Se me ocurrió llamarle así a lo que me ha pasado hace dos días: resulta que entre las distintas cosillas que me quería llevar al trabajo corriendo por el carril bici estaba un bote de vitaminas en grageas. Normalmente las cosas que me quiero llevar al trabajo las llevo en una mochila azul pequeña donde cabe lo imprescindible.

Hasta aquí todo normal. Pero la gracia empieza justo poco antes de salir del portal, cuando comienzo a correr. Resulta que, claro, las vitaminas empiezan a hacer ruido en su bote, dentro de la mochila, debido al meneo que le voy dando a cada zancada. Había previsto que algo de eso sucedería, pero... era mucho más escandaloso de lo que pensaba. Era un sonajero andante, o más bien, corriente.

Pero no me preocupó mucho: al fin y al cabo, la mayoría del recorrido la hago en solitario por el carril bici, sólo haría el ridículo mientras cruzaba Tres Cantos. Y lo hice pero bien.

Fue muy gracioso ver la cara de la gente. Algunos parecían confundidos, como preguntándose de dónde vendría ese ruido «fsss fsss fsss». Me fijé que una chica me miraba con cara rara, como quien dice «y este tipo ¿por qué hace este ruido mientras corre?».

Sin embargo, esto del sonajero tuvo un «efecto» insospechado. El ruido de las vitaminas iba marcando mi ritmo muy bien. fsss fsss fsss... Alcancé un ritmo muy bueno, corriendo más rápido de lo que suelo correr habitualmente por este recorrido. Y se notó al final, porque hice mi mejor tiempo entre Tres Cantos y la Universidad: 46:34.32. Hacía un mes que no lo mejoraba (lo cual es bastante si tenemos en cuenta que llevo haciendo este recorrido dos meses), y bajé 37 segundos mi tiempo del 5 de febrero.

¿Casualidad? No lo sé, pero ayer y hoy, sin sonajero, he tardado bastante más que esos 46:34. Todo será probar a ver, porque con un único ejemplo no se puede hacer estadística. Habrá que ver qué puede más, si mis ganas de experimentar o mi sentido del ridículo...

lunes, 9 de febrero de 2009

Prueba superada

¡Lo conseguí!

Este es el resumen, que también se puede leer (por ahora) en la columna de la derecha:

Parte uno:

1) 5 de enero, U3K, <50 min
2) 8 de enero, 3KU, ~49:28
3) 14 de enero, 3KU, 41.33
4) 16 de enero, 3KU, 47:48.73
5) 18 de enero, 3KU, 48:03.24
6) 18 de enero, U3K, 50:12.07
7) 20 de enero, 3KU, 48:02.63
8) 24 de enero, 3KU, ~48
9) 24 de enero, U3K, ~50
10) 27 de enero, 3KU, 47:32.28
11) 28 de enero, 3KU, 48:25:78
12) 29 de enero, 3KU, 47:45.91
13) 4 de febrero, 3KU, 47:35.97
14) 5 de febrero, 3KU, 47:11.59
15) 8 de febrero, U3K, 45:52.20

Parte dos:

* XIII vuelta pedestre de Tres Cantos, en 74:53


Nunca habría imaginado que el reto de la quinqueta (véase aquí, y la entrada anterior) lo iba a conseguir una hora antes de que se terminara el plazo. No olvidemos que una quinqueta se compone de 35 días.

Pues bien, aproximadamente a esa hora, las 23:00 del 8 de febrero, hacía mi decimoquinta carrera entre Tres Cantos y la Universidad. En estas cinco semanas he corrido en un montón de situaciones diferentes: con nieve, con lluvia, con el suelo congelado, con el pelo congelado, en la noche, al amanecer. Un día me acompañaron en mi recorrido más de cien ciclistas, otros días me crucé con más de diez corredores (ya les he visto varias veces; aún no sé quiénes son, pero mi teoría es que son militares de El Goloso). A veces, para recuperar carreras, he tenido que hacer una ida y vuelta (un dos por uno, vaya).

Debido a la fatalidad que menciono en la entrada anterior, pensé que no iba a correr esta última carrera, ya que he estado muy ocupado estos días. Pero acompañé a M al aeropuerto, para el vuelo de las 20:10, de manera que podía coger el 827 en el Terminal 4 de Barajas a las 19:55 para que me dejara en la rotonda que hay a la entrada de la UAM, con la idea de ir al laboratorio, calzarme los zapatos de correr (que los había dejado ahí), y completar el reto.

Otra parte del reto consistía en correr 15 km por Tres Cantos en una carrera popular de la que me informó la marquesina del autobús. Lo conseguí hacer en menos de 75 minutos. La historia completa está aquí.

Me lo he pasado muy bien con este pequeño reto. Me ha venido muy bien para motivarme a ir al trabajo corriendo. Y pienso seguir así mientras viva donde vivo y trabaje donde trabajo.

Todavía no he organizado la próxima quinqueta, pero reservaré uno de los diez objetivos a mis carreritas por el carril bici.

miércoles, 28 de enero de 2009

Mejorando mi tiempo tortuguero

Bueno, la entrada que viene a continuación es más bien acerca de mí mismo, y mi manera de competir con mi más arduo competidor: mi "yo" del día anterior. Probablemente sea un poco aburrido para todos aquellos que no sean mi "yo" de hoy, mi "yo" de ayer o mi "yo" de mañana. Pero para los otros seis mil millones de potenciales lectores tengo ya preparada una entrada sobre Córdoba (que visité por primera vez la semana pasada), otra en la que los corredores ganamos a los ciclistas por goleada, y otra en la que fracasé estrepitosamente en mi primer intento de usar la bici que tengo en España (y que no usaba desde septiembre de 2006, antes de irme a Hibernia).

Al grano. Mi mejor tiempo para los 10km es 48:43.82, y lo hice el año pasado dando mis típicas diez vueltas a la manzana en el barrio dublinés de Phibsborough. Comparado con lo que hacen otros, mi récord no vale ni para comprarse un paquete de pipas caducadas, pero yo suelo competir conmigo mismo, así que estoy muy contento de ello. Implica un ritmo de 4:52 min/km.

A ese mismo ritmo, en mi nueva vida tricantina debería hacer los 8.68 km del carril bici en ~42:17. Sin embargo esto me está costando bastante: ayer hice mi mejor tiempo, y fue un mísero 47:32.28. Se me ocurren tres razones por las que me puede estar costando tanto:


  1. Estoy desentrenado: al fin y al cabo, cuando estaba desentrenado iba a ritmos similares en Dublín (aunque no era tan exagerado). Esto tiene fácil solución, sólo hay que seguir corriendo, teniendo en cuenta que hay que hacer una carrera larga + una carrera rápida de ~11 min cada semana (la carrera de ~11 min aún no la estoy haciendo... ¡ay pillín, ya te hemos pillao!)

  2. El recorrido tiene mucho más desnivel acumulado: no lo he medido, pero sí, este carril bici tiene subidas y bajadas absurdas. Cuando lo hicieron, decidieron ahorrar y no allanaron nada (además de no hacer ninguna incorporación decente desde Tres Cantos). Pros y contras. Aunque subir y bajar no viene mal de vez en cuando. Esto no tiene mucha solución, pero es que al fin y al cabo un recorrido sólo se puede comparar consigo mismo.

  3. No tengo referencia a corto plazo: cuando corría en Dublín, daba diez vueltas a la manzana, que tenía un perímetro de 1km, más o menos. Así, cada cinco minutos sabía si había aflojado, si iba bien, o si me estaba pasando. Aquí no tengo ese tipo de referencia, y sólo reconozco con precisión la mitad del recorrido (es un cartel que pone "salida de camiones" unos diez metros antes de una casita que queda a la izquierda, en el km 4.34, es decir, un par de minutos después de un puente peatonal rojo). Para resolver esto, ya he empezado a marcar los kilómetros, de modo que pueda compararlos entre carreras, aunque aún tengo que reconocer los sitios con precisión mientras corro.



Probablemente para otro tipo de corredor, todo esto es absurdo. Se corre y punto. Pero una de mis motivaciones es medir y ver cómo mejoro, competir conmigo mismo. ¡Cada uno es como es!

Por cierto, ayer corrí de 7:40 a 8:30 y sólo me crucé con dos ciclistas, ambos yendo hacia Tres Cantos. Aún no había amanecido y tenían que ir con las luces puestas. Supongo que en estas condiciones, estarían usando la bici como vehículo para ir al trabajo, y no sólo para pasarlo bien. Aunque nunca se sabe.

Justo cuando entraba en la UAM empezaba a amanecer. Qué bonito.

Y ahora publico esta entrada, cojo mi mochila, y ¡a correr al trabajo!

jueves, 15 de enero de 2009

Corriendo con el pelo congelado

En lo que a correr se refiere tengo dos objetivos ahora mismo:



(Lo de hablar en minutos por milla se debe a la costumbre heredada de mi periodo irlandés, que todo se pega).

Cuando tengo que trabajar con objetivos que son a largo plazo, para tener algo más motivador con lo que trabajar en el día a día suelo dividir mis objetivos grandes en sub-objetivos más manejables. De esta manera, me apunto diez objetivos por plazos de cinco semanas. A estos periodos de cinco semanas los llamo quinquetas (más que nada porque quinque significa cinco en latín, pero vamos que se le podía llamar de cualquier forma; lo de ponerle nombre es para reconocerle su existencia como unidad de tiempo). La presente quinqueta va del 4 de enero al 8 de febrero. Mi objetivo número 7 es el que está relacionado con correr, y dice así:

#7. «Ir corriendo de casa a la universidad [o al revés] 15 veces y correr los 15 km de la XIII vuelta pedestre de Tres Cantos»


Está añadido un resumen al final de la socorrida columna de la derecha. Como es lógico, "3KU" significa "de Tres Cantos a la Universidad", y "U3K" al revés.

La segunda parte del reto ya la he cumplido, y bien contento que estoy de ello.

En cuanto a la primera parte, más tarde añadí que para mantener un ritmo mínimo, el tramo de 8.68 km de carril bici tengo que realizarlo en menos de una hora (no es difícil si se tiene en cuenta que ya he hecho distancias equivalentes en ~42:15). Dicho recorrido ya me lo he hecho corriendo cinco veces, pero una de ellas estaba fuera del periodo de la quinqueta, y por otra parte el día de la nevada me paré muchas veces a fotos, y al final tardé algo más de una hora con lo que también queda fuera.

La tercera vez que lo hice fue ayer por la mañana, y menuda carrerita...

La tercera carrera del reto

Que conste que cuando en la encuesta de la derecha (arriba) puse la opción “Sí, mayormente con patines” me refería a patines de ruedas, no de hielo. Y es que hay días como ayer en los que más que correr parece que he salido a patinar. La combinación de niebla espesa (como si se tratara de un cuento de Sherlock Holmes) con frío intenso nocturno ha resultado en una mañana llena de placas de hielo. Hoy estaba prohibido correr sin cadenas.

Me hizo gracia ver que en carretera los carteles anunciaban “bancos de niebla”. ¡Como si no se viera! Pero es lógico, lo tienen que advertir para que los conductores no piensen que se han olvidado de limpiar las gafas antes de salir de casa. Lo que sí es cierto es que afectó mucho al tráfico: en el tramo en el que se incorporan los coches que salen de Tres Cantos iba yo corriendo mucho más rápido que ellos motorizados.

Como de costumbre, el frío no ha sido razón suficiente para que no fuera a correr. Tras los dos días de descanso autoimpuestos (debido a la carrera de 15 km que me metí el domingo en menos de 75 minutos), he vuelto a las andadas. Mochila al hombro, he salido de casa camino del trabajo.

Indiana Jones en Laponia

Sí, ha sido como una especie de peli de Indiana Jones.

Con la diferencia de que no me perseguían los nazis, ni rodaba detrás de mí ninguna bola de piedra enorme, ni llevaba en el bolsillo ningún talismán robado en algún templo.

En el km 2 me quité las gafas porque se me había empezado a formar hielo en ellas y ya casi no veía. Bueno, tampoco tengo tantas dioptrías.

La parte más chunga fue el puente de El Goloso, ese en el que el carril bici cambia de carril en el km 6.78 (según mi el sistema de referencia tricantino). Al acercarse uno al puente ya veía que las placas de hielo iban a ser de cuidado. Para subir por la rampa tuve que dejar de correr e ir muy lento sujetándome al pasamanos. No faltaron los pasos en falso. Por la rampa contigua para peatones (es decir, la que va a la parada de autobús, no la que viene desde el carril bici) iba subiendo una chica que no lo estaba pasando mejor que yo. Arriba del todo había mucha nieve, y como no había circulado mucha gente (había bastantes pisadas pero no tantas como en ciudad, claro), la nieve no se había concentrado para hacer hielo, por lo que se podía correr hasta la rampa de bajada. La bajada sí que fue complicada. Yo iba preparado para caer de culo en el momento menos pensado, pero al final me las arreglé bien y no pasó nada.

El resto del recorrido lo hice corriendo casi por completo, exceptuando el principio (que es otra rampa de bajada). En algunos tramos se me deslizaban los pies que daba gusto y tenía que ir dando pasitos muy pequeños, como si fuera un niño que está dando sus primeros pasos. No me preocupaba que viniera una bici, porque si a alguien se le había ocurrido semejande kamikazada lo más probable es que se hubiera kamikazeado al principio del circuito.

En general se podía ver por el brillo que por el centro del carril iba a resbalar algo menos, pero eso no siempre estaba garantizado, y siempre que podía me iba por fuera del carril, donde están la tierra y la gravilla. En una de estas casi me tuerzo el tobillo, porque la gravilla adyacente tenía una ligera pendiente que implicaba este peligro. Aún me duele un poco, pero si no está hinchado a estas alturas es que no va a tener consecuencias.

El misterio de la nieve ausente

Tengo una duda: ¿quitaron las máquinas quitanieves la nieve de la gran nevada del viernes? Porque nieve casi no había. Había hielo, pero eso era por la niebla y el frío. Si es así habría sudo todo un detallazo, pero tengo mis dudas. La nieve restante se encontraba exclusivamente en cuatro partes del carril bici:


  • el pricipio de los túneles (dentro no, claro, allí nunca había llegado la nieve),
  • encima de los puentes (como el de El Goloso y el de Tres Cantos),
  • debajo de los puentes (como cuando se pasa debajo de la carretera que va hacia Alcobendas),
  • y a los lados del carril.


Si hubieran quitado la nieve del carril, es posible que las máquinas no hubieran reunido condiciones de seguridad para subir al puente o no hubieran cabido en los túneles (por la altura). Pero, ¿por qué no se quitó la nieve de debajo de la carretera que va a Alcobendas? Esto me hace pensar en una segunda teoría: es posible que el carril bici absorba mucho mejor el calor que la gravilla por el tipo de material. Los días posteriores a la nevada hizo bastante sol que podría haber fundido la nieve. Pero debajo de los túneles, de la carretera y en las rampas de los puentes no habría llegado mucha luz, por lo que no fundió toda la nieve. Esta teoría tiene un punto flojo: ¿por qué no derritió el sol la nieve encima de los puentes? De modo que no estoy seguro ni de una cosa ni de la otra.

Si alguen sabe algo, que me deje un comentario. Y si no, que lo deje igualmente, ¡que no voy a hablar yo solo, caramba!

domingo, 11 de enero de 2009

Todos los caminos conducen a Tres Cantos

Nota: cuando pongo «SRTC» quiero decir «sistema de referencia de Tres Cantos», es decir, la distancia que hay por el carril bici desde el puente por en que se entra al norte de Tres Cantos.


Todos los caminos conducen a Roma. Bueno, aquí no... aquí conducen a Madrid (todo el mundo sabe que en esta parte del mundo los mapamundis son de Madrid). Y si no que se lo digan a los distintos usuarios de la A-1, A-2... A-N.

En Roma el kilómetro cero venía indicado por el Milliarium Aureum (menudo palabro, ¿eh? ¿a que asusta?), y como España no podía ser menos que el Imperio Romano, se hizo un kilómetro cero en la Puerta del Sol. Normalmente las distancias de las carreteras se indican desde la famosa baldosa de susodicha plaza; lo mismo pasa con los números de las calles. La foto siguiente la he sacado de la Wikipedia (concretamente, de aquí), y no es más que la baldosa mencionada:



Esto, que no creo que sea ningún secreto para la inmensa mayoría de los muchos lectores de este blog, queda muy chulo para comentar un hecho completamente irrelevante: puesto que no vivo en la Puerta del Sol, me he dedicado a hacer un cambio de coordenadas para poder medir mis carreras.

Puesto que yo vivo en Tres Cantos, todo el rollo ese de las distancias a la Puerta del Sol no es de mucha ayuda para saber cuánto me queda para llegar al trabajo en mi carrerita diaria. Así que desde un punto de vista meramente tricantino que se adapta a mi realidad actual, he tomado algunas medidas.

Y ustedes dirán ¿para qué esta pérdida de tiempo? No, no me refiero a la perdida de tiempo del lector mirándose esta página (eso ya lo sabrá usted), sino más bien a ¿y a mí qué leches me importa medir mis carreras? Bueno, pues para mí es importante conocer las distancias, ya que de otra forma no podría saber a qué ritmo he estado corriendo antes de terminar la carrera (ya que saberlo cuando ya he terminado no es muy útil). Cuando se quiere mejorar la velocidad o quemar calorías, el ritmo es importante, ya que hay una velocidad óptima para cada caso (algunos especialistas hasta hacen tablas con todo esto).

Por otra parte, puesto que un factor muy importante de mi motivación está en el competir conmigo mismo, si identifico cada lugar puedo ir comparando mis tiempos con los tiempos de otras veces que he corrido y saber si voy rápido o lento.

Cuando estaba en Dublín era mucho más fácil: daba diez vueltas a la manzana. Cada vuelta, casualmente, era un kilómetro. Y así me hacía mis diez kilometritos diarios. Cada vuelta podía ver si estaba aflojando o no. Pero por otra parte tampoco me llevaba al trabajo. El aburrimiento lo combatía escuchando a Freddy Mercury (algo que probablemente el lector esté haciendo para llegar al final de la entrada de hoy).

Haciendo una pequeña investigación con la ayuda del Google Earth, he encontrado las siguientes distancias que aparecen a continuación. Me lo he currado un poco y hasta he añadido mapitas con el carril bici en rojo. Yo me despido ya, porque lo que sigue es un corta-pega del archivo donde puse las distancias de referencia...




Errores de 0.01 km
Entre paréntesis distancias desde la salida de la Universidad

desde portal de casa hasta el carril bici: 0.93 km (aquí no depende de mí la velocidad, dado que hay que cruzar calles con coches, etc)



* km0 (8.68) > bifurcación del carril bici en el puente que va a Tres Cantos norte
km 0.79 (7.89) > hay una abertura en el guardarraíl a la derecha

* km1 (7.68) > 60 m antes de la primera construcción de un conjunto que hay a la izquierda [editado: ni idea de lo que serían esas construcciones cuando el satélite hizo la foto, pero me temo que ahora sólo hay una plataforma de cemento]
km 1.27 (7.41) > justo en medio de un pequeño túnel por el que pasa el carril bici
km 1.46 (7.22) > pasando por un cruce/incorporación desde la estación de tren (los coches pueden seguir por un camino de tierra a la derecha)

* km2 (6.68) > 40 m después de una entrada en la autovía que conecta con una entrada a una ¿finca? a la derecha
km 2.56 (6.12) > a la derecha las vías del tren se meten en un túnel



* km3 (5.68) > 20 m antes de la marquesina de autobuses que hay junto al puente verde
km 3.09 (5.59) > a la altura del puente verde
km 3.89 (4.79) > a la altura del puente rojo

* km4 (4.68) > 110 m después del puente rojo (¿donde los palotes amarillos?) - hay una especie de vado de la carretera a la izquierda
km 4.08 (4.60) > el principio de una abertura al tráfico de 30 metros por la izquierda
km 4.35 (4.33) > casita a la izquierda entre el carril bici y la carretera - DIEZ METROS DESPUÉS DE LA MITAD

* km5 (3.68) > 40 m después de una ¿casucha? que hay entre el carril bici y la autovía [editado: al final no era una casucha, sino una especie de plataforma de cemento que no sé qué función tiene. ¡Qué distinto se ve todo a pie de calle!]
km 5.20 (3.48)> principio del jardín de la casa que hay a la izquierda antes de la cuesta principal [editado: a esta cuesta ya la empiezo a llamar "la Gran Cuesta", porque es la más abrupta de los 8.68 km]
km 5.55 (3.13) > una carreterilla (que sale de la casa anterior) cruza el carril bici



* km6 (2.68) > 50 m después del puente que hay a la derecha con el camino de Navalasmuelas (y antes de un puente que lleva a la izquierda a El Goloso)
km 6.25 (2.43) > El Rey Miguel (!)
km 6.78 (1.90) > encima de la mediana de la carretera de Colmenar, sobre el puente

* km7 (1.68) > 50 m antes de llegar al cartel alto con indicaciones, en medio de la carretera y la vía de servicio
km 7.58 (1.10) > bifurcación del carril bici con la llegada desde Alcobendas
km 7.67 (1.01) > debajo de la mediana de un puente por el que pasan coches
km 7.76 (0.92) > una carreterilla se cruza para ir a una casa donde ladran chuchos
km 7.84 (0.84) > división cartel Alcobendas-Madrid
km 7.89 (0.79) > comienza el contacto con la carretera sin guardarraíl

* km8 (0.68) > 30 m antes de la altura a la que empiezan las pistas de tenis a la derecha
km 8.05 (0.63) > parece que por aquí vuelve a empezar el guardarraíl
* km 8.68 (0.00) > FINAL DE LA CARRERA en las barreras de acceso a la Universidad

desde el acceso a la Universidad hasta la puerta del CBM: 0.41 km (nuevamente, en estos últimos 410 metros mi velocidad no depende de mí)

total desde el portal hasta la puerta del CBM: 10.02 km

viernes, 9 de enero de 2009

Fotos de la gran nevada

Bueno, lo prometido es deuda y una imagen vale más que mil palabras, así que aquí van las fotos que os comentaba.

Este era el aspecto que tenía la ciudad esta mañana a las 10:15,



Ya saliendo de Tres Cantos, pasando por el puente que pasa sobre las vías del cercanías, esto es lo que se veía:



La incorporación al carril bici desde el norte (sí, aunque parezca curioso, la única manera de incorporarse al carril bici desde el norte de Tres Cantos es haciendo treinta metros campo a través) se presentaba así:



Este es ya el carril bici, aunque no se reconozca tan blanquito. La bifurcación que hay al fondo marca el km 0 de mi carrera habitual:



El paso por el km 3, algo antes del puente verde que indica el acceso al sur de Tres Cantos:



Unos metros después de cruzar la mitad del recorrido. Esta casita me sirve de punto de referencia. Ha quedado rodeada por el carril bici por una parte y la carretera por otra:



Mi huella mezclada con las huellas de otros amigos que anduvieron por ahí:



Por mis huellas (o más bien por la ausencia de otras huellas) se diría que soy el único chalao que estuvo por aquí hasta este momento:



Mirando atrás, desde lo alto de la cuesta del km 5.80 (probablemente una de las cuestas más absurdas que se han visto en un carril bici, porque como se puede ver, los coches a la izquerda tienen la carretera bien allanadita). Pensé que iba a encontrar una bonita vista desde aquí, como de costumbre, pero la neblina lo impidió:



Mis pies cerca del paso por el km 6:



Paso por el túnel del km 6.25, donde la pintada del un tal Rey Miguel, el que pasó por ahí ya me entiende (al principio creía que era algún pringao con delirios de grandeza, pero leyendo esta entrada del blog IronMandream entendí a qué Miguel se refieren, al final hasta es un homenaje y todo...)



Las cosas de siempre tienen un aspecto diferente hoy. Estos zapatos los veo siempre desde el puente donde el carril bici pasa al otro lado de la carretera de Colmenar:



Pasando por el puente, en el km 6.78:



Por aquí me encontré a un amigo juguetón llamado Rex:



Ya voy llegando a la Autónoma, pensar en la ducha caliente que me voy a dar es la principal motivación para seguir corriendo:



¡Misión cumplida! Se me olvidó echar una foto al poste que simboliza el final de los 8.68 km, lo dejo para otro día. Al fondo se ve el edificio del CBM:



Puf, cómo se ha quedado el pobre don Severo:



¡Y esto es todo por hoy!

Corriendo entre la nieve

Inauguro este blog con las impresiones de la que ha caído hoy.

Como (casi) cada mañana desde que trabajo en la Autónoma, me puse la mochila de correr al hombro y me lancé a los 8.68 km de carril bici que separan Tres Cantos de la universidad.

El asombro llegó cuando antes de salir miré por la ventana y vi la pista de tenis de la comunidad de color blanco. ¡Guau!

Lo bueno

Es la primera vez que corro entre la nieve, y la verdad es que ha sido una experiencia estupenda. Es curioso, pero en dos años corriendo en Dublín no me había encontrado nada parecido. Me lo tengo que encontrar ahora que acabo de volver al sur.

No corrí muy rápido, más que nada porque me llevé mi cámara de fotos y de vez en cuando me paraba para inmortalizar el momento. Ahora no las puedo poner aquí porque no tengo a mano el convertidor para conectar la tarjeta de memoria al ordenador, pero en cuanto regrese a casa las pongo.

La nieve no era muy alta cuando corrí por el carril bici, quizá un centímetro o así. Correr entre nieve, si no es muy alta, es mucho mejor que correr bajo la lluvia, claro: la ropa no se empapa, los zapatos tampoco, y con un poco de suerte cortan la carretera a los coches y se está más tranquilo. Y al fin y al cabo no hacía tanto frío, según el termómetro del Hotel Foxa 3 Cantos (que no sé qué reputación tendrá) estábamos a dos bajo cero. Otras veces sin nieve he corrido con más frío, y la verdad es que cuando el cuerpo se calienta uno no lo nota tanto.

Además, con un centimetro de nieve el suelo es mucho más blandito, algo así como correr entre césped, lo cual es muy bueno para las articulaciones.

Lo malo

Parece que habría que incluir entre lo malo la posible pulmonía que uno se puede pillar. Lo cierto es que no creo que la nieve aumente las probabilidades de coger un buen resfriado. Eso más bien depende de la gente que hay cerca (y que te lo pega) unido al frío (que debilita el sistema inmune, y con el amigo resfriado no es muy bueno). La sensación de frío es mayor si uno está mojado, pero cuando nieva la ropa no llega a empaparse como cuando llueve. Así que esto lo descarto (salvo en casos de mala suerte).

Otro peligro posible sería que un vehículo deslizara hacia un lado y me diera. Pero el carril bici está muy apartado en el 99.2% del recorrido, y separado por guardarraíles y pequeños muros de hormigón, así que esto tampoco era muy arriesgado.

El peligro que he visto ha sido más bien en las bajadas, que a veces deslizaba un poco el pie. En esas ocasiones la probabilidad de torcerse uno un tobillo son mucho mayores. Si esto sucede, uno puede acercarse a la parada de autobús más cercana y seguir calentito en transporte público.

También otro "peligro" es que uno se puede salir del carril bici y sin darse cuenta ir por en medio del campo. De hecho, esto me pasó. De pronto me dije «uy, qué raro, hierbajos en medio del carril bici, ¡no recordaba haberlos visto antes!».

El feo

Sí, eso mismo es lo que debían de pensar de mí los que iban en coche.

En un par de ocasiones la gente que iba en coche me llamó la atención, creo que mostrando su empatía. Unos tocaron la bocina, como cuando España pasa a cuartos, y otros gritaron desde la ventanilla "dale duroooooo". ¡Me hizo gracia! La gente que iba en coche debía de pensar que era un machote correcaminos o un gilipollas sin paliativos, una de dos. Al haber tanto coche por la M-607, lo más probable es que hayan pensado de todo.

Sólo vi pisadas de vez en cuando, durante algunos metros del recorrido. La mayoría eran de pajaritos que pululaban por ahí. El resto eran probablemente de gente que iba a la parada de autobús o algo así. También durante algunos metros vi unas marcas como de bici, pero no duraron mucho. Al principio pensaba que eran dos bicis, pero probablemente se trataba de la misma bici, de vuelta. Y es que en bici sí que no me lo habría hecho, menuda torta más tonta se puede uno pegar si se descuida. Luego ves a decirle a la gente que te la has dado por pedalear entre la nieve. El caso es que, si no venía nadie siguiéndome, creo que yo fui hoy el único que usó el carril bici entero (a juzgar por las marcas en la nieve).

Fue una buena oportunidad para practicar para el maratón que me gustaría correr algún día en la Antártida (aunque el precio para apuntarse a esa carrera es un poco más caro que el que estoy acostumbrado a apoquinar).