Nota: este es un blog personal sobre el carril bici que une Tres Cantos con Madrid y Colmenar Viejo.
Si llegaste aquí buscando un mapa de ciclabilidad de Tres Cantos, esto te puede interesar (realizado por la agrupación Enbicipor3cantos)

domingo, 16 de agosto de 2009

Cómo empezar a nadar si te cansas enseguida

Esta entrada va de natación. No es el tema principal del blog (al contrario de lo que sugiere mi amigo Jesús, no se puede nadar por el carril bici, debido a varios principios de la física que no voy a detallar aquí; curiosamente Jesús también es físico, pero obviamente él estaba de pellas el día que explicaron en mecánica de fluidos por qué no se puede nadar por un carril bici).

Como decía, el tema de este blog sería el carril bici de Madrid a Colmenar Viejo. Pero en el fondo sí que tiene algo que ver, porque (además de ser entrenamiento alternativo) al fin y al cabo la piscina de la Universidad Autónoma está al lado de dicho carril bici, y el largo consiste en 50 metros que se recorren en paralelo al carril, que está al otro lado de las vías del tren.

Vaya excusa me acabo de sacar de la manga, ¿os ha gustao?

El caso es que a mis dos deportes preferidos (correr y pedalear) he añadido este mes la natación. Llevaba tiempo rondándome la cabeza, pero no me decidía a llevarlo a cabo. Era una de esas cosas que uno siempre ha querido hacer, pero que uno va dejando sin saber muy bien por qué.

A pesar de que me gusta mucho estar en el agua, hasta ahora no me había tomado en serio lo de nadar. Si me hubieran echado al agua hace un par de semanas, me habría hundido, me habría agobiado mucho intentando meter un aire que no existe en los pulmones, y si nadie me hubiera sacado me habría ahogado ahí mismo.

La última vez que había ido a una piscina fue en 2002 (na' menos). Antes de aquello ni me acuerdo, pero aquel día hace siete años (caramba) mi amigo Pedro me enseñó que algo muy importante para nadar era saber respirar. Si no sabes respirar y nadar a la vez, te va a faltar el aire y no vas a poder ir muy lejos de puro cansancio.

Al empezar la presente quinqueta (el 13 de julio) decidí que en mi proyecto deportivo estaría incluido el ir a la piscina. Me puse como límite el ir por lo menos cuatro veces. ¡Ahora no había excusa! Y el calor del verano madrileño ayudaba mucho. Al proyecto lo llamé proyecto besugo porque precisamente tenía más que ver con el agua que los anteriores.


El autor del blog con la pinta que tiene cuando va a la piscina


Me agencié las gafas de natación de la foto que tenía en el trastero (no sé de dónde han salido, pero allí estaban), lo cual me ayudó mucho al principio, porque no sé por qué razón, cuando se está debajo del agua cuesta mucho menos expulsar del aire por la nariz con las gafas que sin ellas. Y esto es fundamental para un principiante como yo que nunca ha nadado y que lo máximo que ha hecho con el agua ha sido ducharse y flotar en el mar. Bueno, y fregar los platos.

El curso de natación de la UAM ya se había pasado, porque era para julio, así que se trataría de un cursillo autodidacta. Menuda aventura.

Primer día: toma de contacto

El 31 de julio quedamos la gente del máster de biofísica en ir a la piscina de la UAM. Al final vinieron sólo Jesús, Álvaro y un amigo de Álvaro, pero fue un buen día para la toma de contacto. No hice nada especial en lo que a nadar se refiere, pero no había prisa.

Segundo día: echando aire debajo del agua hasta sentirme cómodo con ello

Al día siguiente fui solo, me compré un bono de diez baños y estuve familiarizándome con el agua y aprendiendo a respirar. Básicamente lo que hacía era meterme debajo del agua y echar aire por la nariz; salir, tomar aire por la boca, y repetir. Así hasta que me sentía cómodo haciéndolo, prolongándolo cada vez más.

Tercer día: observar e intentar desplazarse por las cercanías del bordillo

Al tercer día (creo que fue el lunes 3) ya intentaba desplazarme en el agua. Lo hacía muy mal, y como no se hace pie en ningún sitio de la piscina, siempre me quedaba por el borde porque no conseguía ni flotar (por eso de que el agua no era salada como en el mar). Me sumergía en el agua y miraba con mis fabulosas gafas de natación cómo se movían los demás. Me parecía que el estilo más sencillo para mí, para ir empezando, era el estilo braza. Así que iba probando. Hacer un cuarto del largo de la piscina (es decir, unos 12.5 metros) era para mí un verdadero logro. Me cansaba muchísimo y se me aceleraba el pulso una barbaridad. Todo se debía a que no sabía qué movimientos eran los más eficientes para nadar, y era muy patoso. Pero eso se aprende experimentando y observando. Si los demás pueden, yo también. Las leyes de la mecánica de fluidos son las mismas para todos. Supongo que se debe a que los fluidos son muy democráticos.

Cuarto día: intentar hacer el largo con la cantidad mínima de pausas

Moverme en el agua era para mí tan difícil como lo puede ser andar para un niño que está dando sus primeros pasos. Los niños quieren siempre agarrarse a algo, y yo quería estar siempre cerca del bordillo, por si las moscas. A veces había algún grupo de gente en una parte del bordillo, lo cual complicaba las cosas, porque yo no me desenvolvía lo suficiente como para bordearlos. Así que con mucha paciencia esperaba a que se fuera despejando y seguía mi camino hacia el otro extremo de la piscina.

Quinto día: intentar hacer el largo sin parar

Es curioso, pero al contrario de lo que sucede con muchas otras cosas, uno aprende muy rápido a moverse en el agua (por lo menos a desplazarse, luego ir mejorando lleva su tiempo), por lo menos más rápido de lo que yo imaginé. El 5 de agosto fue el primer día que conseguí nadar un largo entero sin parar por en medio. Había quedado con Julián, lo cual me vino muy bien, porque me dijo lo que estaba haciendo mal: en lugar de mover los brazos más o menos en círculo, los movía de arriba a abajo, lo cual implicaba mucho más esfuerzo. Julián se tuvo que marchar y la socorrista nos dijo que ya teníamos que ir saliendo. Yo entonces me dije «bueno, voy a intentar un poco más y salgo». Así que me puse a nadar. Sin darme cuenta ya iba por la mitad de la piscina ¡y no estaba sin aire! Así que seguí sin pararme a retomar fuerzas como hacía habitualmente. Sin darme cuenta, ¡había conseguido hacerme el largo de 50 metros entero!

Siguientes días: practicar, practicar, practicar y observar

Así que este objetivo ya lo he cumplido: me propuse ir cuatro veces y he ido once. Y además, ya puedo decir que sé nadar. Hasta ahora lo más que he nadado sin parar han sido 300 metros. ¡Creo que no está mal para un principiante absoluto!

Ahora estoy intentando aprender un poco de qué va lo del crol. Trago bastante agua, porque no coordino bien los movimientos y cuando voy a coger aire aún no tengo la cabeza fuera del agua, Pero no pasa nada. Si me agobio, me pongo a hacer braza, que es lo que ya sé hacer.

Al igual que correr, supongo que es muy importante descansar. A pesar de que hago bastante deporte corriendo y en bici, cuando nado estoy usando grupos musculares distintos (lo cual se demuestra por las agujetas que tuve al principio), así que tengo que tratar mis músculos como si estuviera en rodaje, como cuando empecé a correr. Así que hay que encontrar el equilibrio entre hacer bastante como para que los músculos no se "olviden" de la última vez que trabajaron, y no pasarme tanto como para llegar al sobreentrenamiento. Si te pasa como a mí, que el jueves me hice catorce largos en tres rondas, y al día siguiente me costaba hacer el primer largo, mejor tómate un descanso. Los músculos se tienen que hacer a la idea.

Por otra parte, para nadar bien hace falta aprender bien las técnicas. Yo he aprendido de forma autodidacta y soy consciente de que así puedo adquirir diferentes vicios que luego cueste mucho quitar. Por ello aprovecho constantemente para mirar cómo nadan aquellos que saben. Es muy importante ahora que estoy al principio.


Entrada a la piscina de la Universidad Autónoma


Me encanta nadar. ¡Por fin me he animado! Ahora sólo tengo que perfeccionar un poco la técnica, y ya podré empezar a hacer triatlones.

4 comentarios:

Julian dijo...

El crol es bastante complicado, hasta yo que gané una copa en una competición de natación sigo tragando agua!
Enhorabuena por tu proyecto besugo, es una satisfacción el cumplir tus propios objetivos. Tengo que aprender de ti ya que pocas veces me pongo objetivos y cuando los tengo no los cumplo.
Sobre las ventanas.. supongo que aqui no habrá tantos robos a casas como en españa, mi padre tiene miedo de comprarse una casa en el campo por eso, en cualquier caso se agradece mucho el poder mirar al jardin sin tener barrotes de por medio.

Teresa dijo...

Olá Marco! Estou com a Margarida um dia após a tua partida. Pedi-lhe para ver o teu blog e fiquei deveras bem impressionada. Gostei muito (com a tradução do teu projecto na piscina). Boa sorte, adeus! Teresa

Anónimo dijo...

jajjaajaja buscando x google como coger resistencia nadando eme ncuentro esto, básicamente quiero empezar a nadar como has echo tú! y esta entrada me ha animado.Taluegooo!


Kaeme

Eynar Oxartum dijo...

Me alegro de que te animara. Aún no puedo alegar una amplia experiencia, pero sí que puedo comprender las preocupaciones de quien no ha nadado nunca.

Si te acuerdas, deja aquí un mensaje cuando consigas hacerte el largo entero ;)