Un blog personal sobre el carril bici que une Tres Cantos con Madrid y Colmenar Viejo.
Mostrando entradas con la etiqueta Rocinante. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rocinante. Mostrar todas las entradas

domingo, 22 de abril de 2012

Réquiem por Rocinante

Sí, amigos, parece ser que los días de Rocinante (la bici de carretera que adopté hace dos años y medio) han llegado a su fin.

El bicicletero forense que le hizo la autopsia señaló lo siguiente en el parte como causa del óbito:

«desgaste puro»


Y es que le estaba metiendo unos ochocientos kilómetros mensuales. Tampoco son tantos, es lo que sale con los 18 km de ida más los 18 de vuelta al día, cinco días a la semana, más algún extra de fin de semana. Pero llevaba encima bastantes kilómetros de antes de que yo la comprara de segunda mano. Estaba mayor, igual que el caballo de quien toma su nombre, que era «rocín», pero «antes».

Una bici no muere mientras tenga el cuadro entero, porque se le puede cambiar todo lo demás. Pero si se rompe el cuadro es que has hecho mucho el burro con ella:



Se puede soldar, sí. Pero no sé, no me termina de convencer el ir con el cuadro soldado (pero igual lo hago algún día si encuentro alguien que sepa hacerlo). La bici se podría quejar de que muchos humanos también estamos soldados y no pasa nada, seguimos funcionando.

Pero estoy contento. Le he dado muchísimo uso, algo que no todo el mundo hace. Me llevó a cuestas en varias escapadillas. Y tuvo un papel protagonista en el Reto Chocolatero. Me acompañó a numerosas bicis críticas, tanto en Tres Cantos, como en otros lugares. Y recientemente incluso escribió su propia entrada (algo impropio para una bici).

Es por ello que Rocinante siempre tendrá un huequecito en el corazón de los seguidores de este blog.



(Y bueno, también en mi trastero, que tenía carné de donante de órganos... digo de piezas, jeje).

Permaneced atentos a vuestros navegadores para saber quién será su sucesor.

martes, 6 de marzo de 2012

El día de la independencia ferroviaria

Hola, soy Rocinante.

No, a pesar del nombre, no soy un caballo. Soy la bicicleta de carretera de Eynar. Para quienes no me conozcáis, Eynar me presentó en esta entrada, y ha hablado varias veces de mí.



Sé que no estáis acostumbrados a que una bicicleta escriba en un blog, y probablemente os estaréis preguntando cómo estoy tecleando en estos momentos. Sin embargo, Eynar me ha dicho que él está vago y que escriba yo.

Todo empezó el pasado verano. La cosa iba viento en popa cuando un día Eynar se rompió un dedo y dejó de usarme a mí y a Rucio, (mi compi) para ir a trabajar. Poco después cambiaron el lugar donde trabajaba a Madrid, lo cual duplicaba la distancia entre el trabajo y casa. Me venía con excusas de que las mudanzas son una lata y que si uno se tiene que adaptar a los nuevos lugares... en fin.

Yo me quedé en el cuarto de bicis a descansar y Eynar contrató a un compañero nuevo, Galgo. Un tipo engreído, especialista en distancias cortas que se las da de versátil, porque dice que cabe en cualquier sitio. Con el tiempo Galgo me desplazó y yo me quedé sin empleo. Pasé noviembre y diciembre cogiendo polvo mientras Eynar, por lo que me decían, iba cogiendo michelines al tiempo que aprovechaba los minutos extras en el cercanías para leerse la Segunda Parte de El Quijote.

Ya sabéis que cuando uno no tiene trabajo le da muchas vueltas a las cosas, y eso no puede ser bueno. Los frenos se me desajustaron, las ruedas se me deshincharon y los radios se aflojaron. Probablemente a Eynar le estaba pasando lo mismo en versión biológica. La Navidad fue muy triste, porque llevaba mucho tiempo sin tener nada que hacer. Pero entonces un buen día se abrió la puerta del cuarto de bicis. Era Eynar. Venía para decirme que tenía la sana intención de volver a las andadas, que la vida era muy cómoda yendo en tren y tal, pero que no era el estilo de vida que le gustaba. ¡Qué ilusión! ¡Volvía a tener trabajo! Volverían los paseos matutinos por el campo. Y los días que Eynar hiciera el camino corriendo, yo podría descansar.

Eynar dedicó bastante tiempo en ponerme a punto. Me cambió las cubiertas de las ruedas por otras con más agarre, más urbanas. Le dio la vuelta a mi manillar, con lo que se podía ir más erguido. Luego en Menina Bike me pusieron un transportín (que no fue fácil, porque no tenía por dónde agarrarlo), y más tarde un cesto (que a Eynar le ahorraba mucho tiempo cada día, ya que antes pasaba mucho rato colocando la mochila con pulpitos).

El 30 de diciembre fuimos por primera vez al trabajo Eynar y yo juntos. Ya habíamos ido muchas veces a Madrid, pero no con la idea de que fuera algo regular para hacer a diario.

Me sentía de maravilla. ¡Volvía a ser útil! Galgo se dedicó principalmente a transportar a Verdinha dentro de Tres Cantos y yo hacía el trabajo duro.

Duro. Esa es la palabra. Un buen día Eynar se acordó de cuando consiguió la independencia autobusera (es decir, el día en que consiguió, por primera vez tras cinco meses y medio, completar una semana seguida yendo a trabajar usando sólo la bici o sus zapatillas de correr). Y sintió nostalgia. Pensó que era hora de conseguir la independencia ferroviaria. Es decir, nada de usar el tren (bueno, en realidad, nada de usar cualquier cosa que no fuera un servidor o sus zapatillas de correr).

Lograr este objetivo se hizo complicado. No es difícil hacerlo un día, pero hacerlo una semana seguida, con las vicisitudes de cada momento, es harina de otro costal. El jueves me dijo que quería correr y que sólo le llevase hasta la UAM. Así lo hice. Me quedé allí, atada, y él siguió corriendo. Yo pasé la noche en la UAM, como tantas veces que Eynar aplicó la fórmula 1+2+1. A la mañana siguiente, el viernes, yo me esperaba que volvería corriendo para que yo terminara el viaje con él hasta Madrid. Pero sorpresa: ¡resulta que venía andando! ¿Qué habría pasado?

Me contó que la tarde anterior, cuando se fue corriendo, su rodilla izquierda empezó a doler más y más. Nada muy grave, pero que podría echar a perder el reto que nos traíamos entre manos. La idea de venir a recogerme en bus era muy tentadora. Pero como es tan cabezota, al final decidió que no. Que si no se podía correr, que se lo haría andando. La rodilla molestaba para correr, pero andar sí que lo aceptaba sin amenazar con una lesión. Puso el despertador una hora antes, y en una hora y cuarenta ya estaba en la UAM.

Esa misma tarde volvimos juntos. Misión cumplida.

Quien lea estas líneas podría pensar que Eynar me ha prometido una cadena nueva a cambio de que ande haciendo publicidad de él para que pueda presumir de que pedalea mucho y tal. Nada más lejos. Precisamente lo pongo como ejemplo de que la gran mayoría de vosotros también podría hacerlo (si quisiera). Si alguien como Eynar, que tuvo una de las infancias y juventudes más sedentarias posibles, se anima a ir de Tres Cantos a Madrid y vuelta cada día, ¡probablemente pueda casi cualquiera!

Así que os animo a ello. Si os cuesta hacer una hora de bici diaria, siempre podéis hacerlo gradual: primero proponeros un día a la semana (los viernes suelen ser una buena opción). Si os gusta, vais haciendo más días. Y si no, pues oye, lo dejáis, que nadie os obliga.

sábado, 7 de enero de 2012

Presentación de Galgo

«no ha mucho tiempo que vivía
un hidalgo de los de lanza en astillero,
adarga antigua, rocín flaco
y galgo corredor»




Este párrafo del principio de Don Quijote me sirve para darle nombre a la nueva bici que compré a medias con Verdinha. Como podéis ver es una bici plegable, muy versátil para llevar en ciudad, tramos cortos y compartir con otros medios de transporte. Por ejemplo, se puede uno ir en bici + tren, y volver en taxi si las condiciones lo requieren, porque uno la pliega, y zas, para el maletero que va. Y uno la puede llevar a muchos más sitios, porque es como si fuera una maleta. Si te admiten una maleta grande, te admiten una bici plegable.

A verdinha no le convence mucho el nombre, pero es que Don Quijote y Sancho Panza, fuente de inspiración para mis bicis españolas, no tienen más animales que Rocinante y el Rucio. Al galgo corredor Cervantes sólo lo menciona al principio de la novela y no vuelve a acordarse más de él en toda la obra (pobre), pero es suficiente :)

Galgo me ha venido como anillo al dedo en los últimos meses. Mi laboratorio se mudó en octubre a otro centro de investigación y ahora trabajo cerca de Chamartín. Ir en bici a Madrid desde Tres Cantos es algo que he hecho a menudo, pero no a diario. Y además estos meses he perdido bastante la forma y he dedicado muchas energías a otras cosas, razón por la cual todavía no me había animado a ir a diario en bici a trabajar. Con Galgo me he ahorrado 2h 30min cada semana, sólo por ir de casa al cercanías, y del cercanías al trabajo.

Además, como Galgo se pliega y lo subimos al piso (o lo metemos en un bar, o donde sea), es mucho más cómodo cogerlo y llevarlo a cualquier lado, aunque sea muy cerca (mientras que para Rucio o Rocinante, como tengo que sacarlos del cuarto de bicis, y atarlos fuera, a veces no compensa).

Pero a cada trayecto le corresponde su especialista. Para trayectos más largos (cuando cojo el carril bici que me lleva a Madrid o a la UAM, por ejemplo), ya no apetece tanto llevar a Galgo, porque con esas ruedas tan pequeñas hay que pedalear más veces para hacer la misma distancia (una vez se me ocurrió ir de la UAM a Tres Cantos en él, y menudo latazo). Ahí Rocinante sigue siendo quien manda (igual que Rucio es el campeón de los caminos de tierra), y es a él a quien recurro ahora que estoy empezando otra vez a ir a trabajar en bici (íntegramente).

Pero de esto último os hablaré más adelante.

miércoles, 15 de junio de 2011

Bici Crítica de Tres Cantos - fotos de la primera edición

Como comenté en mi última entrada, hoy (bueno, ayer, porque ya pasa de medianoche) participé en la Bici Crítica de Tres Cantos, que tiene lugar el segundo martes de cada mes a las 20:00 en la Plaza del Ayuntamiento.

No sólo fue estupendo pedalear por mi ciudad con un montón de gente. Además se puede considerar que fue muy exitosa si tenemos en cuenta que se trataba de la primera edición. Fuimos 31 ciclistas. Una sencilla regla de tres nos dirá que si extrapolamos esta cantidad a una ciudad como Madrid (datos del censo de 2010), tendremos 31 / 41 147 * 3 273 049 = 2466 ciclistas, una cantidad comparable a las Bicis Críticas de Madrid con más afluencia (como se puede leer aquí aquí).

Por otro lado, como se puede esperar en una ciudad como Tres Cantos, de calles anchas, tráfico escaso y fluido, y conductores responsables (en su inmensa mayoría), todo el evento transcurrió sin ningún incidente. Este es un mapa del recorrido que hicimos (según Google Maps, fueron 7.9 km):


Ver el recorrido en un mapa más grande


Como una imagen vale más que mil palabras, aquí os dejo algunas fotos (como siempre, pinchad en las fotos para verlas más grandes).



Avenida de Colmenar, junto al Zoco



Avenida de los Labradores, desde la Estación de Cercanías


Avenida de los Encuartes, hacia la Segunda Fase


Avenida de Viñuelas, junto a la iglesia de la Segunda Fase


Calle del Comercio


... Y si queréis ver más fotos, podéis ver las demás en el álbum correspondiente.

Si os interesa, nos vemos el 12 de julio, a las 20:00 en la Plaza del Ayuntamiento.

domingo, 20 de marzo de 2011

¡Primavera!

La primavera comienza oficialmente en menos de cuatro horas, a las 00:21 del 21 de marzo (hora central europea). Esta es la primavera astronómica, que se dice, y está bien esta referencia porque cuando los límites entre una cosa son difusos (muchas veces lo son), hay que marcar un punto en el que se cambia de una cosa a otra. Y qué mejor momento para indicar el inicio de la primavera que aquel en que el día y la noche tienen la misma duración...

Pero para mí, en esta parte del mundo, la primavera auténtica comienza cuando florecen los almendros. Este año me sorprendieron una vez más: el pasado 24 de febrero regresaba a casa montado en Rocinante, cuando pensé «caramba, ya deberían de estar a punto de florecer los almendros». Entonces levanté la vista y vi que... efectivamente, ya estaban en flor.





Aunque para mí la primavera tiene el pequeño inconveniente de la alergia y el asma, estos son males menores comparados con la alegría de ver la naturaleza resurgir con energías renovadas.

¡Feliz primavera a todos!

martes, 22 de febrero de 2011

El reto chocolatero - cómo se hizo

Hace ya varias semanas que conseguí superar el famoso reto chocolatero. Cuando lo conseguí estaba bastante liado pero quería comunicaros que lo había superado, por lo que dejé una entrada rápida con la noticia.

Dicha entrada es probablemente la que menos texto tiene del blog, aunque para compensar tiene un vídeo del momento exacto en que se consigue alcanzar el kilómetro tres mil... la calidad del vídeo es lamentable, pero... ¡es eso! Sin embargo, la escasez de palabras no hace justicia al reto que supuso. Al principio fue sencillo, pero cuando en septiembre lancé aquél órdago de que haría mil kilómetros antes de que acabara enero, no tenía ni idea de que diciembre iba a ser un mes complicadito. Así que a lo tonto me encontré con que me faltaba casi la mitad del reto, pero apenas un mesecito por delante. No sería un problema si no fuera porque ese mesecito no era precisamente de vacaciones. Así que me puse manos a la obra. Durante enero he apuntado los kilómetros que he hecho cada día, aquí los tenéis:



Aunque la mayoría de los días hice veinte kilómetros (es decir, ida y vuelta al trabajo), no fue un camino de rosas. Las cosas se complicaron y yo ya me veía a los lectores frotándose las manos pensando en la razón por la que la segunda palabra de reto chocolatero está relacionada con el chocolate... Pero como soy muy cabezota, al final lo conseguí.

Y ahora viene lo interesante...

Para celebrar que he conseguido superar el reto chocolatero, aunque no voy a invitar económicamente al chocolate (¡mis pedaleos me ha costado!), sí que invito a todos los lectores, y en especial a los que se apuntaron al reto, a que os vengáis a desayunar a la Chocolatería con más renombre de Vallecas:


Ver mapa más grande


En principio quedamos allí, en la chocolatería Pinilla, que está en la Avenida de Peña Prieta 6, el próximo sábado 26 de febrero a las 10:00.

Y mientras tanto, estad atentos al blog, porque ¡en breve lanzaré otro reto!

jueves, 27 de enero de 2011

martes, 18 de enero de 2011

El reto chocolatero - 884 km

Bueno, tras el momento de pánico pos-trancazo, pos-navideño y pos-viajes de diciembre, me he puesto a pedalear como un descosido ante cualquier oportunidad, y parece que ya va teniendo la cosa mejor pinta. De hecho, ahora mismo me faltan 117 km, lo cual es una distancia que sé que soy capaz de recorrer en un único día si se tercia. Aunque probablemente lo haga en cómodos plazos durante los próximos trece días que aún tengo.



Pero lo de los últimos días no ha sido un camino de rosas. Daba la impresión de que los elementos se habían aliado contra mí (probablemente querían chocolate, pero no les corresponde porque no dejaron comentario en su momento). Vayamos uno por uno:

Aire: pues sí, este ha sido el más toca***os. La estrategia del aire consistió en negarse a permanecer dentro de las cámaras de aire (perdón por la redundancia). Estos días he tenido numerosos pinchazos. El colmo fue cuando en dos días tuve nada menos que ¡cinco! pinchazos. Cambiar una cámara de aire es una lata, y normalmente lo habría dejado para otro día y me habría llevado a Rucio. Pero en esta ocasión me armé de paciencia y cambié las cámaras de aire todas las veces que hizo falta. El por qué pinché tanto es aún un misterio, porque además no eran pinchazos de estos que se ve el agujero, sino de los que te tienes que bajar de la bici cada dos kilómetros a hinchar la rueda.

Agua: el agua se dedicó a aguarme pero bien el domingo 9 de enero, cuando quedé con Oli. Justo en medio de la carrera cayó una tromba de agua que me dejó a remojo para el resto de la tarde, como si fuera un kilo de lentejas que se van a cocinar al día siguiente. Por otra parte el agua se alió con el aire para hacer una niebla espesa, pero esto no molestó especialmente (gracias a que el carril bici está separado físicamente de los coches, y menos mal).

Tierra: este gracioso elemento se compinchó con el aire para hacer que me pegara un peñazo y acabara por los suelos hace unos días. Resulta que con la rueda un poco deshinchada, pero no completamente (lo justo como para que uno no se baje a hincharla) me dediqué a girar en la rotonda de entrada a Tres Cantos. En eso que la cubierta dejó paso a la llanta, ésta se deslizó y ¡PUM! por los suelos. Pantalones rotos y tres amables conductores que se ofrecieron a ayudarme, aunque no hizo falta porque por suerte estaba todo bien (menos los pantalones y la cámara de aire, claro).

Fuego: este es el único elemento que creo que no ha participado, lo cual se agradece, ¡sólo me faltaba salir chamuscado!

Así que esta es la situación del reto chocolatero. No hay que cantar victoria antes de tiempo, así que estad atentos a vuestros monitores.

viernes, 31 de diciembre de 2010

El reto chocolatero - 582 km

¡¡Feliz 2011!!



Hace tiempo que os debo una actualización sobre el reto chocolatero. Ya apenas faltan 31 días para el final, y aunque llevo más de la mitad, se me está poniendo cuesta arriba. Está claro que un reto es un reto, y eso es lo que tiene de interesante. Pero el hecho es que entre los dos viajes que he hecho este mes (viajes a los que no me he llevado Rocinante) y el trancazo que me cogí hace unos días... apenas estoy pedaleando. Llevo unas semanas en el kilómetro 582.

Pero no os frotéis aún las manos, que no hay que cantar victoria tan rápido. En cuanto me reponga del trancazo este voy a empezar a pedalear, incluyendo fines de semana si hace falta, así que no está tan claro que vaya a haber chocolate para todos, jeje.

lunes, 8 de noviembre de 2010

El reto chocolatero - 340 km

Al final esta semana se aprovecharon unos 50 km para superar el reto chocolatero. Quizá algunos os preguntéis que, (1) habiendo 10 km de distancia entre mi casa y el laboratorio, y (2) yendo 5 veces por semana al laboratorio sin usar medios mecanizados, ¿cómo es posible que no consiga sacar 100 km por semana?

Bueno, lo cierto es que sí que me hago unos 100 km cada semana (excepto cuando tengo fiebre por lo que sea, o cuando voy acompañando a alguien; y alguna vez porque me sale de las narices, faltaría más), pero no siempre los hago con Rocinante. Algunas veces recorro esa distancia corriendo, y cuando hago eso Rocinante se queda en la Universidad, así que para volver al día siguiente, tengo que volver también corriendo (lo que yo llamo fórmula 1+2+1), o bien me vuelvo con Rucio (la bici de montaña), el cual no tiene cuentakilómetros (y si lo tuviera, no sería tan chulo como el cuentakilómetros analógico de Rocinante, claro).

Bueno, haciendo recuento de los apuntados al reto chocolatero, tanto los que ya estaban apuntados como los nuevo, tenemos:

* José Sen-Sey
* Verdinha
* Oli
* Margoth
* Jota
* Julián (Julián, apuntado a la apuesta estás, así que si al final te tengo que invitar, te invitaré cuando vengas, ¡porque imagino que algún día vendrás por estos parajes!)
* Pingüina Veloz
* Kiwi (¡bienvenido al blog!)

También participan
* Cosme
* Lola

pero estos dos, debido a su predisposición genética a tener diabetes, no van a apostar por chocolate, sino por un suculento hueso de cuero de los que se venden especialmente para cánidos.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Actualización sobre el Reto Chocolatero

Muy buenas, lectores. Esta es una actualización acerca del Reto Chocolatero. A menos de tres meses para que se cumpla el fatídico plazo, ya llevo casi 289 kilómetros con Rocinante, como se puede deducir de la foto que sigue a este párrafo.



No hace falta ser físico teórico (basta con hacer una sencilla regla de tres) para ver que me sale que a este ritmo debería tener hechos 937 kilómetros (2937, si tenemos en cuenta la distancia recorrida desde que tengo a Rocinante) para cuando se cumpla el plazo la medianoche entre el 31 de enero y el 1 de febrero. Esto significa que me quedaría corto por unos 63 kilómetros. Y no me hace ninguna gracia tener que hacérmelos todos juntos la tarde del último día, así que una de dos (a) o voy espabilando, o bien (b) tendré que disponerme a invitar a los cinco lectores que dejaron su comentario en la entrada correspondiente.

Hay tensión en el ambiente. Y para aumentar la tensión aún más... ¡¡atención!! Se da una segunda oportunidad a los que no dejaron comentario la vez anterior: quien deje un comentario en esta entrada antes de la media noche del viernes 5 de noviembre, también será invitado a chocolate con churros/porras en la chocolatería de Vallecas (siempre y cuando no consiga yo completar los 1000 kilómetros con Rocinante antes de la media noche del 31 de enero, claro).

Con eso lo digo to'...

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Dos mil kilómetros

Tengo la costumbre de hacer una foto de Rocinante allí donde se cumpla un nuevo millar de kilómetros. Anteayer llegué a los dos mil kilómetros con él, hecho que tuvo lugar en Tres Cantos. Llevaba unos días pendiente del cuentakilómetros. Tenía que ir al banco, y cuando me quise dar cuenta ya me había pasado unos seiscientos metros. Así que, con unos metros de retraso, aquí está la foto del acontecimiento:



Vamos a hacer un pensamiento al respecto: teniendo en cuenta que los mil kilómetros los cumplí el pasado 13 de diciembre (unos cinco meses después de comprar la bici), y que desde entonces han caído nueve meses... no se puede decir que haya pedaleado mucho. O por lo menos no tanto como antes. Y es cierto, por distintas razones hasta el mes pasado no he ido en bici tanto como me hubiera gustado. Pero si la cosa va como me gustaría que fuera, en enero estaremos celebrando el tercer megámetro.

Y si no, pienso invitar a un chocolate con churros (o porras) en la chocolatería Pinilla (la de Vallecas) a todo el que deje un comentario aquí antes de que termine este mes de septiembre. Ahí queda eso.

Para el atrevido que no sepa dónde está la chocolatería, aquí pongo una imagen ampliable:


martes, 26 de enero de 2010

Las encinas de la mitad del camino

Lo de mitad del camino es relativo, depende del camino que haga cada uno. En mi caso la mitad del camino del carril bici, entre la salida norte de Tres Cantos y la UAM, se halla exactamente donde hasta no hace mucho había un cartel de salida de camiones unos metros antes de una casa que queda a la izquierda (viniendo desde el norte).

Pero lo más emblemático de este pequeño tramo del carril bici para mí son, sin lugar a dudas, las dos hermosas encinas que se pueden encontrar unos doscientos metros más adelante.



domingo, 13 de diciembre de 2009

Mil kilómetros con Rocinante

Compré a Rocinante el pasado 7 de julio, y ya llevo mil kilómetros con él. Habría hecho más, pero muchas veces también saco a Rucio a que se dé una vuelta. Rucio no tiene cuentakilómetros, así que no sé cuánto habré hecho con él.



Aunque parezca mentira, a pesar de lo rudimentario que es el cuentakilómetros es bastante preciso.

Según me acercaba a los 1000 kilómetros tenía pensado pararme en cuanto llegara al número simbólico y hacerme una foto donde tocara. Pues bien, curiosamente tocó en uno de los trayectos cortos que me hago: el tramo de la UAM que va del CBM a la Facultad de Ciencias. Es lo que hago todos los días para ir al Máster de Biofísica que hago por las tardes. Cuando llegó el momento le pedí a la primera persona que pasaba si me hacía una foto y este fue el resultado:

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Nuevos pedaleantes

Como ya se ha dicho en muchas ocasiones, nadie es profeta en su tierra. Y bajo tal máxima, no esperaba convencer a usar el carril bici a Verdinha. Ya fue mucho que la convencí a usarla durante algunos meses en Dublín para ir al trabajo.

Sin embargo, hace algunos días me dio una sorpresa, y me propuso, sin yo decir nada, ir a dar una vuelta hasta la UAM.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Pedaleando hacia el otro lado (III): De Colmenar Viejo a Soto del Real

Voy a celebrar que son las 11:11 del 11/11 con esta entrada.

Es curioso que la idea popular es que este es el carril bici "de Colmenar Viejo". Curioso, porque así como está hoy en día, Colmenar Viejo es sólo una de sus "paradas". El carril bici termina en Soto del Real.

Aquí un detalle del mapa que puse el otro día:


Ver el mapa de Colmenar Viejo a Soto del Real un poco más grande


El tramo que hay entre Colmenar Viejo y Soto del Real es el que más me gusta de todo el recorrido. A los que estén poco entrenados les gustará que no tiene muchas cuestas. Y los más veteranos disfrutarán del paisaje.

sábado, 31 de octubre de 2009

Pedaleando hacia el otro lado (I)

Es gracioso lo bien que conozco este carril bici entre Tres Cantos y la Autónoma y lo poco que sé de lo que es de él más allá de Tres Cantos. La situación era insostenible, pero la falta de tiempo unida a la vagancia que se apoderaba de mí cuando el tiempo sobraba hacían una mala combinación.

Este fin de semana pasado arreglé eso: me he permitido el lujazo de irme a pedalear sin tener que llegar a ningún sitio concreto (bueno, sí, iba a una barbacoa a Guadalix de la Sierra, pero no había prisa alguna y si llegaba tarde no pasaba nada). Desde Tres Cantos eso son treinta kilómetros de ida y otros treinta de vuelta. Algo perfectamente factible para alguien que usa la bici casi a diario. Así que asumí el reto (o el retito, mejor dicho... el Señor Reto fue cuando me vine desde Escalona en bici, pero eso ya lo contaré en otra ocasión), cogí a Rocinante y me puse en marcha.

Puesto que no tenía una impresora, me tuve que hacer una especie de mapa del tesoro para saber bien:



Lo de color rojo es carril bici, y lo que está en boli lo he escrito a posteriori.

Pero quizá alguien prefiera este mapa que he hecho con la ayuda del google:


Ver ruta ciclista desde Tres Cantos a Guadalix de la Sierra en un mapa mayor


En este mapa, la parte de color rojo es la que tiene carril bici separado del tráfico. La parte azul tiene arcén, y la parte de color morado no tiene ni carril bici ni arcén (a pesar de lo cual es usada frecuentemente por ciclistas).

Muchos de vosotros ya os conoceréis la ruta al dedillo, pero para mí era la primera vez que las cubiertas de mi bici se dirigían hacia ese lado. Yo fui primero siguiendo la línea roja y la azul, y luego volví por la línea de color morado. Pero los detalles y lo que aprendí de cómo ir en bici a Colmenar Viejo, Soto del Real y Guadalix de la Sierra... os lo cuento otro día.

¡No seáis impacientes!

domingo, 16 de agosto de 2009

Cómo empezar a nadar si te cansas enseguida

Esta entrada va de natación. No es el tema principal del blog (al contrario de lo que sugiere mi amigo Jesús, no se puede nadar por el carril bici, debido a varios principios de la física que no voy a detallar aquí; curiosamente Jesús también es físico, pero obviamente él estaba de pellas el día que explicaron en mecánica de fluidos por qué no se puede nadar por un carril bici).

Como decía, el tema de este blog sería el carril bici de Madrid a Colmenar Viejo. Pero en el fondo sí que tiene algo que ver, porque (además de ser entrenamiento alternativo) al fin y al cabo la piscina de la Universidad Autónoma está al lado de dicho carril bici, y el largo consiste en 50 metros que se recorren en paralelo al carril, que está al otro lado de las vías del tren.

Vaya excusa me acabo de sacar de la manga, ¿os ha gustao?

El caso es que a mis dos deportes preferidos (correr y pedalear) he añadido este mes la natación. Llevaba tiempo rondándome la cabeza, pero no me decidía a llevarlo a cabo. Era una de esas cosas que uno siempre ha querido hacer, pero que uno va dejando sin saber muy bien por qué.

A pesar de que me gusta mucho estar en el agua, hasta ahora no me había tomado en serio lo de nadar. Si me hubieran echado al agua hace un par de semanas, me habría hundido, me habría agobiado mucho intentando meter un aire que no existe en los pulmones, y si nadie me hubiera sacado me habría ahogado ahí mismo.

La última vez que había ido a una piscina fue en 2002 (na' menos). Antes de aquello ni me acuerdo, pero aquel día hace siete años (caramba) mi amigo Pedro me enseñó que algo muy importante para nadar era saber respirar. Si no sabes respirar y nadar a la vez, te va a faltar el aire y no vas a poder ir muy lejos de puro cansancio.

Al empezar la presente quinqueta (el 13 de julio) decidí que en mi proyecto deportivo estaría incluido el ir a la piscina. Me puse como límite el ir por lo menos cuatro veces. ¡Ahora no había excusa! Y el calor del verano madrileño ayudaba mucho. Al proyecto lo llamé proyecto besugo porque precisamente tenía más que ver con el agua que los anteriores.


El autor del blog con la pinta que tiene cuando va a la piscina


Me agencié las gafas de natación de la foto que tenía en el trastero (no sé de dónde han salido, pero allí estaban), lo cual me ayudó mucho al principio, porque no sé por qué razón, cuando se está debajo del agua cuesta mucho menos expulsar del aire por la nariz con las gafas que sin ellas. Y esto es fundamental para un principiante como yo que nunca ha nadado y que lo máximo que ha hecho con el agua ha sido ducharse y flotar en el mar. Bueno, y fregar los platos.

El curso de natación de la UAM ya se había pasado, porque era para julio, así que se trataría de un cursillo autodidacta. Menuda aventura.

Primer día: toma de contacto

El 31 de julio quedamos la gente del máster de biofísica en ir a la piscina de la UAM. Al final vinieron sólo Jesús, Álvaro y un amigo de Álvaro, pero fue un buen día para la toma de contacto. No hice nada especial en lo que a nadar se refiere, pero no había prisa.

Segundo día: echando aire debajo del agua hasta sentirme cómodo con ello

Al día siguiente fui solo, me compré un bono de diez baños y estuve familiarizándome con el agua y aprendiendo a respirar. Básicamente lo que hacía era meterme debajo del agua y echar aire por la nariz; salir, tomar aire por la boca, y repetir. Así hasta que me sentía cómodo haciéndolo, prolongándolo cada vez más.

Tercer día: observar e intentar desplazarse por las cercanías del bordillo

Al tercer día (creo que fue el lunes 3) ya intentaba desplazarme en el agua. Lo hacía muy mal, y como no se hace pie en ningún sitio de la piscina, siempre me quedaba por el borde porque no conseguía ni flotar (por eso de que el agua no era salada como en el mar). Me sumergía en el agua y miraba con mis fabulosas gafas de natación cómo se movían los demás. Me parecía que el estilo más sencillo para mí, para ir empezando, era el estilo braza. Así que iba probando. Hacer un cuarto del largo de la piscina (es decir, unos 12.5 metros) era para mí un verdadero logro. Me cansaba muchísimo y se me aceleraba el pulso una barbaridad. Todo se debía a que no sabía qué movimientos eran los más eficientes para nadar, y era muy patoso. Pero eso se aprende experimentando y observando. Si los demás pueden, yo también. Las leyes de la mecánica de fluidos son las mismas para todos. Supongo que se debe a que los fluidos son muy democráticos.

Cuarto día: intentar hacer el largo con la cantidad mínima de pausas

Moverme en el agua era para mí tan difícil como lo puede ser andar para un niño que está dando sus primeros pasos. Los niños quieren siempre agarrarse a algo, y yo quería estar siempre cerca del bordillo, por si las moscas. A veces había algún grupo de gente en una parte del bordillo, lo cual complicaba las cosas, porque yo no me desenvolvía lo suficiente como para bordearlos. Así que con mucha paciencia esperaba a que se fuera despejando y seguía mi camino hacia el otro extremo de la piscina.

Quinto día: intentar hacer el largo sin parar

Es curioso, pero al contrario de lo que sucede con muchas otras cosas, uno aprende muy rápido a moverse en el agua (por lo menos a desplazarse, luego ir mejorando lleva su tiempo), por lo menos más rápido de lo que yo imaginé. El 5 de agosto fue el primer día que conseguí nadar un largo entero sin parar por en medio. Había quedado con Julián, lo cual me vino muy bien, porque me dijo lo que estaba haciendo mal: en lugar de mover los brazos más o menos en círculo, los movía de arriba a abajo, lo cual implicaba mucho más esfuerzo. Julián se tuvo que marchar y la socorrista nos dijo que ya teníamos que ir saliendo. Yo entonces me dije «bueno, voy a intentar un poco más y salgo». Así que me puse a nadar. Sin darme cuenta ya iba por la mitad de la piscina ¡y no estaba sin aire! Así que seguí sin pararme a retomar fuerzas como hacía habitualmente. Sin darme cuenta, ¡había conseguido hacerme el largo de 50 metros entero!

Siguientes días: practicar, practicar, practicar y observar

Así que este objetivo ya lo he cumplido: me propuse ir cuatro veces y he ido once. Y además, ya puedo decir que sé nadar. Hasta ahora lo más que he nadado sin parar han sido 300 metros. ¡Creo que no está mal para un principiante absoluto!

Ahora estoy intentando aprender un poco de qué va lo del crol. Trago bastante agua, porque no coordino bien los movimientos y cuando voy a coger aire aún no tengo la cabeza fuera del agua, Pero no pasa nada. Si me agobio, me pongo a hacer braza, que es lo que ya sé hacer.

Al igual que correr, supongo que es muy importante descansar. A pesar de que hago bastante deporte corriendo y en bici, cuando nado estoy usando grupos musculares distintos (lo cual se demuestra por las agujetas que tuve al principio), así que tengo que tratar mis músculos como si estuviera en rodaje, como cuando empecé a correr. Así que hay que encontrar el equilibrio entre hacer bastante como para que los músculos no se "olviden" de la última vez que trabajaron, y no pasarme tanto como para llegar al sobreentrenamiento. Si te pasa como a mí, que el jueves me hice catorce largos en tres rondas, y al día siguiente me costaba hacer el primer largo, mejor tómate un descanso. Los músculos se tienen que hacer a la idea.

Por otra parte, para nadar bien hace falta aprender bien las técnicas. Yo he aprendido de forma autodidacta y soy consciente de que así puedo adquirir diferentes vicios que luego cueste mucho quitar. Por ello aprovecho constantemente para mirar cómo nadan aquellos que saben. Es muy importante ahora que estoy al principio.


Entrada a la piscina de la Universidad Autónoma


Me encanta nadar. ¡Por fin me he animado! Ahora sólo tengo que perfeccionar un poco la técnica, y ya podré empezar a hacer triatlones.

martes, 7 de julio de 2009

Y llegó Rocinante

Me quedé con la espinita clavada el otro día cuando, jugando a cara o cruz, perdí la oportunidad de comprar a Rocinante. Ya no tenía mucho sentido llamar Rucio a la bici de montaña que me compré. Pero seguía con ganas de probar una bici de carretera. Así que estuve buscando un poco en segundamano.es, y di con otra bici de origen getafeño cuyo currículum cumplía las condiciones para cubrir la vacante de Rocinante.

Rocinante, como sabe todo hablante de español que se precie, era el caballo de Don Quijote. Así lo presentaba Cervantes en el primer capítulo:

«Fue luego a ver su rocín, y, aunque tenía más cuartos que un real y más tachas que el caballo de Gonela, que tantum pellis et ossa fuit, le pareció que ni el Bucéfalo de Alejandro ni Babieca el del Cid con él se igualaban [...] y tornó a hacer en su memoria e imaginación, al fin le vino a llamar Rocinante: nombre, a su parecer, alto, sonoro y significativo de lo que había sido cuando fue rocín, antes de lo que ahora era, que era antes y primero de todos los rocines del mundo.»


Por lo tanto, Rocinante tenía que ser flacucho y vejete. ¡Y esa es la bici que encontré! Aquí está su foto:



Aunque lo cierto es que a pesar de tener unos veinte años, según me dijo quien me la vendió, sigue estando en perfectas condiciones; su anterior dueño tuvo el gran detalle de cambiarle las ruedas, que eran las que más se habían resentido por el inexorable paso del tiempo.

Y claro, ahora Rucio sí que es Rucio. Estupenda pareja para mis aventuras en esta zona del mundo tan cercana a La Mancha cervantina.

viernes, 3 de julio de 2009

A rey muerto, rey puesto

Me ha llevado dos días encontrar un sustituto a Platero (bueno, en realidad un día y pico). Helo aquí:



Todavía no estoy seguro de qué nombre darle, pero ya tengo una idea. Se aceptan propuestas.

Fue muy sencillo. Un par de días mirando en segundamano.es, y unas cuantas llamadas. Anoche lo estrené bien, para que se vaya acostumbrando: fui con él de Embajadores a Tres Cantos para ir domándolo. Aunque no fue difícil, porque es bastante dócil por naturaleza.

Estuve indeciso entre esta bici de montaña (me gustan más las de montaña, porque se adaptan mejor a cualquier superficie, aunque vayan un poco más lentas), y otra de carretera que vendía un francés que se iba a Alemania y con el que no hubo más remedio que hablar en inglés porque él no hablaba español (hace algunos años no me sucedía esto con tanta frecuencia). Tras un tiempo pensando en cuál me quedaba, llegué a una conclusión: si están bien, ¡me quedo las dos! Porque la de carretera estaba tirada de precio. Cuando fui a verla, vi era muy vieja y necesitaba unos arreglos, pero era bastante pasable y desde luego merecía la pena. Ya tenía pensado el nombre: Rocinante (y así a la otra la llamaba Rucio).

Peeero, resulta que, a la misma hora, el chico francés había quedado con otro que también estaba interesado. No sabía si eso se iba a resolver con un duelo a sable o pujando. Ninguno de los dos me hacía mucha gracia, que digamos. Al final el pérfido galo llegó a la conclusión de que lo más saludable era jugarlo a cara o cruz. Sacó una moneda de veinte céntimos italiana; yo elegí la cara con la escultura, y el otro eligió la cara común a todas las monedas. Se lanzó al aire, y cuando cayó... la escultura no se veía por ninguna parte. Así que ahí se fue Rocinante, viejo y delgaducho, pero que probablemente prestará un buen servicio.

Y yo me quedé con Rucio, aunque ahora que no hay Rocinante no tiene tanta gracia el nombre... Así que probablemente le buscaré otro. Como dije, se aceptan sugerencias.