Nota: este es un blog personal sobre el carril bici que une Tres Cantos con Madrid y Colmenar Viejo.
Si llegaste aquí buscando un mapa de ciclabilidad de Tres Cantos, esto te puede interesar (realizado por la agrupación Enbicipor3cantos)

jueves, 29 de enero de 2009

قرطبة

Imaginemos por un momento el mundo hace mil años. Mil años. Es fácil decirlo, pero no basta con decirlo, además hay que imaginarlo. No había electricidad, ni comunicaciones (aparte de palomas mensajeras, mensajeros y sistemas por el estilo). Casi todos los vehículos estaban limitados a animales o barcos. Las distancias eran mucho mayores y el mundo parecía más grande. Una población de 2000 habitantes se podía considerar grande, y la gente contaba las veces que había ido en su vida a la "ciudad grande", que probablemente hoy en día sea una capital de provincia, o quizá no llegue a eso.

Hace mil años la gente estaba acostumbrada a ver a lo largo de su vida un mundo poco cambiante, constante en el tiempo, y con gentes de constumbres similares en los alrededores (la excepción a esto quizá fueran los puertos, donde llegaban gentes de lugares muy lejanos y que hablaban lenguas extrañas).

Hace mil años, en el año 1009. La cantidad de gente que sabía leer y escribir en el mundo era probablemente equivalente a la gente que hoy en día es capaz de programar en C. No es que fueran todos unos incultos, es que nadie sentía la necesidad, excepto los profesionales de la escritura (igual que hoy en día sucede con los programadores).

En ese mundo tan distinto, donde las ciudades eran islas en medio de los campos, y no al revés, la Península Ibérica estaba dividida entre tres culturas: los cristianos, los musulmanes y los judíos. Tres religiones que habían hecho de los temores y necesidades de la población una herramienta de poder. Tres religiones cuyas gentes, sin plantearse siquiera otra forma de vida, consideraban que habían evolucionado mucho con respecto a sus ancestros paganos, que creían en muchos dioses, todos ellos falsos. Unos pensaban que aún tenía que llegar el mensajero del dios único, para que les indicara el camino. Otros pensaban que ya había llegado mil años antes. Y los terceros creían que aquel mensajero era un gran profeta, pero que no había sido el último y que hubo otro que completó lo que hasta entonces se había dicho. Todos pensaban llevar la razón y que los demás se equivocaban. A veces esto conllevaba guerras y sangre. Otras veces no, y conseguían convivir en paz.

En este mundo, había una ciudad, hace mil años, que destacaba por encima de todas las que estaban a su alrededor. Una ciudad cuyo esplendor era admirado y envidiado. Córdoba. 365 000 amaneceres separan ese mundo del mundo de hoy.

Dediquemos unos segundos a imaginarlo.













Durante esos 365 000 amaneceres hubo muchos cambios. A los pocos días, en el año 1009, el Califato de Córdoba comenzaba a sumirse en una profunda crisis. El hijo de Almanzor fue asesinado, lo que supondría el comienzo de una guerra civil.

Al final, una de las tres culturas de la Península logró imponerse a las demás, reescribiendo como podían la historia para indicar que ellos eran los que mejor hacían las cosas. Las gentes de hoy son los descendientes de los de antes; al fin y al cabo, sólo se marchó la aristocracia, pero es que cuando llegaron, también vino únicamente la aristocracia; la gente es la misma desde tiempos prerromanos (todo esto según un artículo de Nature o Science que leí hace muchos años, y según el cual sólo hubo un intercambio genético del 6% entre la Península y el Norte de África; si alguien encuentra el artículo, que deje un comentario). De modo que creo que la frase "cuando estaban aquí los moros" es equivocada, deberíamos decir más bien "cuando nosotros éramos musulmanes". Puede gustarnos o no, pero siendo como era que en aquellos tiempos la cultura y la ciencia se transmitían a través del mundo árabe, podemos estar bien orgullosos de ello.

365 000 amaneceres más tarde, un tipo que en su tiempo libre escribe un blog sobre sus aventuras en un carril bici visitó esta ciudad por razones de trabajo. Y ahora paso a hablar en primera persona.

Nunca había estado antes en Córdoba, y lamentablemente, por diversas razones, no iba a tener nada de tiempo para visitar la ciudad a pesar de que me iba a quedar tres días.

El segundo día me tocaba correr. Rechacé ir a cenar con los compañeros para poder levantarme a las 5:30 de la mañana y salir a que trabajaran mis zapatos. El hotel, se encontraba cerca de una especie de paseo/parque entre la avenida de la Libertad y la avenida de América. Un paseo estupendo al que tenía pensado darle diez vueltas. Más que nada porque cuando corro una de las cosas que más odio es tener que pararme en los semáforos. Como tampoco me gusta saltármelos, lo que suelo hacer es adaptar mi recorrido de manera que no tenga que cruzar ninguna calle, como hacía en Dublín cuando daba diez vueltas a la manzana que había enfrente de casa. Dar diez vueltas al paseo era suficiente para mantenerme entretenido cerca de una horita.

A las 5:30 sonó el despertador y salté de la cama. Si me levantaba más tarde ta no me iba a dar tiempo para correr, así que había que aprovechar. ¡A correr!

Historia de una carrera por una ciudad con historia

minuto 1> Cruzo la calle y empiezo a correr. No sé si a la recepcionista del hotel le habrá parecido normal ver a un tipo salir de manga corta en invierno, pero con guantes y bufanda, pero me da igual.

minuto 4> Entrando en calor. Mientras voy completando la primera vuelta paso el rato pensando en la ciudad que estoy visitando y no visitando a la vez. Y en la ilusión que me haría ver la mezquita. Y me fijo en que siendo tan pronto, apenas hay coches por la calle. Y que se puede cruzar la calle sin tener que parar ni ponerse en peligro (ni un coche en el horizonte). Y... caramba, quiero ver la mezquita, ¡y ahí mismo decido que la voy a ver! No tengo ni idea de dónde está, pero tengo cierta idea de dónde está el centro de la ciudad, más que nada porque sé que estoy al norte, así que me desvío de mi recorrido cerrado inicial y me lanzo a la aventura. Voy corriendo por la avenida del Gran Capitán.

minuto 6> Paso al lado del Corte Inglés. Adelanto a dos chicas que andaban como si estuvieran un poco borrachas y que se asustaron al verme pasar. Oigo detrás que se ríen por haberse asustado, y al parecer los efectos del alcohol las lleva a intentar seguirme corriendo (por lo menos eso intuyo por el ruido de los tacones), pero sólo unos segundos. Un mendigo que estaba durmiendo en la calle asoma la cabeza para ver quién anda corriendo y qué pretende. Le he despertado.

minuto 7> De vez en cuando paso cerca de algún edificio que parece antiguo, pero no se trata de la mezquita, fijo. Tengo una teoría: cuando vea la mezquita sabré reconocerla. No la he visto nunca, y tampoco la recuerdo bien en fotos (siempre que he visto fotos de la mezquita la he visto por dentro, y en esta ocasión sólo iba a poder verla por fuera). Corriendo corriendo, me termino la avenida del Gran Capitán.

minuto 8> voy corriendo por calles cada vez más estrechas y cada vez más peatonales. La ciudad pasa de parecer Madrid (con el Corte Inglés, calles anchas, y cosas por el estilo) a parecer un encantador pueblecito manchego de casas bajas. Otras veces me recuerda a las callecitas de Toledo. Es buena señal, eso es que estoy en el centro histórico. Sigo corriendo en la misma dirección, o por lo menos todo lo recto que me dejan ir las calles. Si me paso, el Guadalquivir me indicaría que tengo que retroceder.

minuto 9> Calles cada vez más pequeñitas. Salgo a una calle más grande. Se ve una torre en una esquina, y el suelo es de adoquines, como los que hay enfrente del museo de El Prado.

minuto 10> el edificio es grande, y lo voy bordeando en el sentido de las agujas del reloj. Es grande... ¡¡Es la mezquita!! ¡No puede ser otra cosa! Y la torre era el minarete/campanario. Se ve una imagen de una virgencita antes de llegar a la esquina. Voy mirando a la fachada del edificio.

minuto 11> Se ven muchas puertas con todo el aspecto árabe que puede tener una puerta. Y ventanas. Está como reconstruido, pero se percibe perfectamente el aspecto austero árabe. Nada de imágenes, como mucho figuras geométricas. Las limitaciones incentivan la imaginación. No se pueden hacer imágenes de seres humanos, pero uno puede hacer todos los motivos geométricos que quiera. En esto recuerdo la Alhambra, palacio campeón del mundo en geometría.

minuto 12> Le doy una segunda vuelta. Es impresionante. En parte porque estoy solo. No hay nadie en la calle, sólo yo corriendo, como un loco, alrededor de la mezquita. Es una interacción entre ella y yo. O mejor dicho, entre los geniales arquitectos que la construyeron y yo. Ellos murieron hace mucho tiempo, pero siguen hablando conmigo a través de su obra. Así, en soledad, es mucho más impresionante. Sin guiris ni gentes locales que distorsionen el significado de lo que representa. Si no miro a mi izquierda, que es dónde están los distintos locales y tabernas del siglo XXI, es como si estuviera allí, hace mil años. Las gentes de la Córdoba de aquel tiempo podrían estar durmiendo, y yo por ahí corriendo antes del amanecer. Es una emoción que no sé muy bien cómo describir.

minuto 17> Tras un par de vueltas me fijo en una especie de puerta o arco grandote, y tiro para allá.

minuto 18> Oh, pero si estaba al lado del Guadalquivir, ¿o debería decir Wadi al-Kabir? (río grande, en árabe) Y mira, hay un puente. Un puente que parece muy viejo y que en mi ignorancia no sabía en ese momento que era un puente tan romano como el de Mérida sobre el Guadiana. Como no podía ser de otra manera, a por el puente voy.

minuto 19> En el otro extremo del puente hay otro arco inmenso, muy antiguo y muy bonito. Corro al otro lado del río. Ahora que veo la Mezquita en la distancia... ¡ya no parece una mezquita! Ahora se parece mucho más a una catedral cristiana. Y es que se nota que construyeron una sobre la otra. Cuando corría justo al lado apenas había ángulo para ver la parte superior. Ahí era una mezquita. Ahora, desde el otro lado del río, y con los laterales cubiertos por las casas cercanas ya no era una mezquita. ¡Magia! Pero magia de la buena, ríete tú de David Copperfield. Convertir una mezquita en una catedral en un minuto no es algo que se pueda ver en muchos sitios del mundo.

minuto 23> Corro por el otro lado del río hasta el siguiente puente. Un puente con un aspecto muy moderno y con el número 2003 marcado en cifras grandes (el año en que se terminó, vamos, digo yo).

minuto 25> Regreso a la mezquita y doy otro par de vueltas. Qué maravilla. La única imagen humana que veo es la de la virgen. No sé si hay más, pero uno cuando va corriendo tampoco tiene mucho tiempo para fijarse en los detalles. Pero es que esta es la historia de una carrera, y si me paro ya no estaré corriendo. No es bueno ni malo, pero es una forma de darle un carácter a mi visita a Córdoba.

minuto 26> Me decido a emprender la vuelta. Va a ser más difícil, tiene pinta de que va a ser cuesta arriba, por eso de que uno se aleja del río, pero no importa.

minuto 28> Corriendo por las callecitas pequeñas y estrechas del centro, paso por un edificio que tiene un cartel donde pone "La Sinagoga". Una fachada que no tenía nada de particular, aparte de que parece ser muy vieja. Si no es por el cartel ni me hubiera fijado. En medio de las callecitas, entre casas, parecía como si estuviera mimetizada. También me fijo en una estatua que luego supe que era de Maimónides. Claro, ¡quién si no!

minuto 32> Salgo por un lateral pasando por una puerta por un lugar que parece una muralla (luego miré y supe que se trataba de la Puerta de Almodóvar), y aparezco en una avenida grande. En dos metros me he salido del centro histórico. Parecería el Paseo de la Castellana si no fuera por las palmeras. Qué curioso. Edificios de apartamentos, bares. Qué contraste. Han pasado mil años en un abrir y cerrar de ojos. Con sólo cruzar una puerta.

minuto 35> Voy corriendo por la avenida aquella. Ni idea de dónde estoy, pero imagino que corro hacia el norte. No había pasado antes por ahí. Sí, ahora estoy oficialmente perdido. Bueno, no es tan grave, la ciudad no es grande.

minuto 36> Me meto por una de las callecitas a la derecha, y de pronto llego a la avenida del Gran Capitán. No sé mucho de Córdoba, pero por suerte sólo he estado perdido unos pocos minutos. Tengo suerte de tener buena orientación.

minuto 38> Vuelvo a pasar por el Corte Inglés, una de las referencias que tengo... Aún no hay tráfico ni nada. El que salga a esta hora a trabajar no se puede quejar de atascos.

minuto 40> Llego al paseo del principio, y le doy otra vuelta pensando en la carrera tan buena que me he dado.

minuto 45:12.68> Llego al hotel. Ahora toca una ducha, desayuno y vuelta al curso de bioinformática en el campus de Rabanales. ¡Qué bien lo he pasado! No tengo palabras, pero sí muchas emociones.

miércoles, 28 de enero de 2009

Mejorando mi tiempo tortuguero

Bueno, la entrada que viene a continuación es más bien acerca de mí mismo, y mi manera de competir con mi más arduo competidor: mi "yo" del día anterior. Probablemente sea un poco aburrido para todos aquellos que no sean mi "yo" de hoy, mi "yo" de ayer o mi "yo" de mañana. Pero para los otros seis mil millones de potenciales lectores tengo ya preparada una entrada sobre Córdoba (que visité por primera vez la semana pasada), otra en la que los corredores ganamos a los ciclistas por goleada, y otra en la que fracasé estrepitosamente en mi primer intento de usar la bici que tengo en España (y que no usaba desde septiembre de 2006, antes de irme a Hibernia).

Al grano. Mi mejor tiempo para los 10km es 48:43.82, y lo hice el año pasado dando mis típicas diez vueltas a la manzana en el barrio dublinés de Phibsborough. Comparado con lo que hacen otros, mi récord no vale ni para comprarse un paquete de pipas caducadas, pero yo suelo competir conmigo mismo, así que estoy muy contento de ello. Implica un ritmo de 4:52 min/km.

A ese mismo ritmo, en mi nueva vida tricantina debería hacer los 8.68 km del carril bici en ~42:17. Sin embargo esto me está costando bastante: ayer hice mi mejor tiempo, y fue un mísero 47:32.28. Se me ocurren tres razones por las que me puede estar costando tanto:


  1. Estoy desentrenado: al fin y al cabo, cuando estaba desentrenado iba a ritmos similares en Dublín (aunque no era tan exagerado). Esto tiene fácil solución, sólo hay que seguir corriendo, teniendo en cuenta que hay que hacer una carrera larga + una carrera rápida de ~11 min cada semana (la carrera de ~11 min aún no la estoy haciendo... ¡ay pillín, ya te hemos pillao!)

  2. El recorrido tiene mucho más desnivel acumulado: no lo he medido, pero sí, este carril bici tiene subidas y bajadas absurdas. Cuando lo hicieron, decidieron ahorrar y no allanaron nada (además de no hacer ninguna incorporación decente desde Tres Cantos). Pros y contras. Aunque subir y bajar no viene mal de vez en cuando. Esto no tiene mucha solución, pero es que al fin y al cabo un recorrido sólo se puede comparar consigo mismo.

  3. No tengo referencia a corto plazo: cuando corría en Dublín, daba diez vueltas a la manzana, que tenía un perímetro de 1km, más o menos. Así, cada cinco minutos sabía si había aflojado, si iba bien, o si me estaba pasando. Aquí no tengo ese tipo de referencia, y sólo reconozco con precisión la mitad del recorrido (es un cartel que pone "salida de camiones" unos diez metros antes de una casita que queda a la izquierda, en el km 4.34, es decir, un par de minutos después de un puente peatonal rojo). Para resolver esto, ya he empezado a marcar los kilómetros, de modo que pueda compararlos entre carreras, aunque aún tengo que reconocer los sitios con precisión mientras corro.



Probablemente para otro tipo de corredor, todo esto es absurdo. Se corre y punto. Pero una de mis motivaciones es medir y ver cómo mejoro, competir conmigo mismo. ¡Cada uno es como es!

Por cierto, ayer corrí de 7:40 a 8:30 y sólo me crucé con dos ciclistas, ambos yendo hacia Tres Cantos. Aún no había amanecido y tenían que ir con las luces puestas. Supongo que en estas condiciones, estarían usando la bici como vehículo para ir al trabajo, y no sólo para pasarlo bien. Aunque nunca se sabe.

Justo cuando entraba en la UAM empezaba a amanecer. Qué bonito.

Y ahora publico esta entrada, cojo mi mochila, y ¡a correr al trabajo!

domingo, 18 de enero de 2009

De estadísticas va la cosa

Hoy, por primera vez en mi corta vida como tricantino adoptivo, he corrido sin que mi objetivo secundario fuera ir al trabajo. Más que nada porque hoy era domingo y no iba a trabajar solo (aunque poder se puede). Esta mañana estuve en casa de un amigo en Madrid, y según volvía a Tres Cantos en el 713, veía que había un montón de ciclistas por el carril bici. La idea inicial fue la de llegar a casa, ponerme los zapatos de correr, y patearme el recorrido hasta Plaza de Castilla. O hasta donde me aguantaran las rodillas.

Pero me acordé de que tengo un pequeño reto pendiente: me he propuesto correr 15 veces de casa al trabajo antes del 9 de febrero. Dichosos retos. Y resulta que estamos ya a 18 de enero y sólo llevo cuatro carreras, de manera que para recuperar... cambié de plan y decidí ir de casa a la Universidad y desde ahí regresar corriendo. Un dos por uno que digamos. Sería la primera vez que corro una ida y vuelta, pero cuando vivía en Dublín los fines de semana me iba al Parque Fénix y corría distancias mayores, así que... ¿a qué le voy a temer? Bueno, eso sí: en lugar de correr entre cervatillos (sí, sí, en el parque ese dublinés hay ciervos sueltos, menuda gozada), correría entre ciclistas. Ambas especies están en peligro de extinción en la península, y más vale cuidarlos bien (bueno, por lo visto los ciervos están en peligro en Córcega y Cerdeña, pero no mucho en la península... pero los ciclistas seguro que sí).

Las estadísticas esas que decía

Me estoy desviando del tema. El caso es que me he dedicado a contar los ciclistas y corredores que me he ido cruzando hoy. La razón de ello es que he visto muchos más de lo habitual. En mis carreras estoy acostumbrado a ver entre 10 (el día que más) y 2 ciclistas (el que menos, si excluimos la semana de la gran nevada, durante la cual no era posible coger una bici ni con todas las ganas del mundo). Pero sin embargo hoy he contado en la ida 64 ciclistas (entre las 14:00 y las 14:45), y a la vuelta 44 (entre las 14:45 y las 15:30). Sí, correr a veces es aburrido, y uno cuenta ciclistas pensando en las estadísticas que pondrá luego en el blog... Sumad o restad cinco, porque alguna vez perdí un poco la cuenta. El caso es que se trata de unas cinco o seis veces más que el mejor de los días.

Esto por una parte me alegra, y por otra me entristece un poco.

Me alegra porque ¡caramba, la gente lo usa! ¡No hay peligro que se esfume en una futura ampliación de la M-607! ¡No somos cuatro gatos!

La razón por la que me entristece es confirmar lo que sospechaba: todavía hay una amplia mayoría de personas (al menos un 80% según estos datos) para las cuales la principal motivación para usar el carril bici no es ir al trabajo o a estudiar. La principal razón es pasarlo bien el domingo y hacer deporte. Que, ojo, es una razón muy buena, y de hecho esa es la razón por la que he corrido yo hoy. No me quejo de que muchos quieran hacer deporte (¡faltaría más!), sino de que sean muy pocos los quieran usarlo como medio de transporte. Quizá es que me he acostumbrado a ver cómo se usan los carriles bici en otros países, pero tengo la idea de que este carril bici daría mucho más de sí.

No es ninguna utopía el pensar en ir de Tres Cantos a Plaza de Castilla para trabajar todos los días en bici. Si habláramos de ir de Tres Cantos a Sol ya sería más complicado, pero hasta Plaza Castilla son unos 16 km, más o menos, callejeando algo más, pero no llega a veinte, y yo muchas veces hacía 40 km diarios (entre ida y vuelta) para ir a trabajar. El que piense que soy un deportista nato y que así cualquiera... no me conoce. Sólo hay que acostumbrar al cuerpo. Y llevarse ropa para cambiarse en el baño, porque claro, uno suele llegar sudado.

Sólo hay que querer.

Ir a diario de Tres Cantos a la Universidad Autónoma es de lo más normal (entre seis y nueve km, dependiendo de los sitios). Y sin embargo hay mucha gente que no se anima y coge el coche u otros medios más contaminantes y menos placenteros (porque mientras se hace ejercicio no se siente placer, al contrario, uno se acuerda de la madre y del padre del que le metió en semejante embolao... pero el resto del día uno se siente de maravilla).

Otras opciones muy razonables para trabajadores, estudiantes o tricantinos que tengan que ir a la Tesorería de la Seguridad Social o al Media Markt son ir de Tres Cantos a Alcobendas o San Sebastián de los Reyes y viceversa.

Los corredores

Bueno, corredores sólo vi dos. Uno de ellos me lo crucé a la vuelta en la rampa del puente de El Goloso, debía de estar haciendo lo que yo, o quizá más (igual venía desde Madrid y se estaba haciendo un maratón en solitario). Y gente paseando sólo a tres, dos de ellos iban de la estación de cercanías de El Goloso a los cuarteles, de modo que imagino que el carril bici simplemente les venía de paso. El otro paseante fue un señor que me miraba muy raro y al que saludé cuando pasé cerca; en lugar de devolverme el saludo me seguía mirando raro y girando la cabeza. Pues vale.

La falsedad del mito

Había oído que los ciclistas españoles suelen ser bastante posesivos con sus carriles bici. Tampoco sería de extrañar, el valor de las cosas muchas veces lo establece la oferta y la demanda, y es que la oferta de carriles bici en el centro de la península aún deja que desear.

El caso es que pensaba yo que quizá, de tanto ciclista, alguno me diría mientras yo corría que «el carril bici no es para correr». Y bueno, yo, como también voy mucho en bici, suelo evitar correr por susodicho elemento urbano, pero en este caso no tengo mucho más sitio donde ponerme (a no ser que me lance a la M-607). Eso sí, siempre que puedo corro por encima de la gravilla o césped, que es mejor que el cemento para las articulaciones.

Pues a juzgar por mi experiencia de hoy, quien dice que los ciclistas son prepotentes se equivocan. Al contrario de lo que pensaba, nadie (ni uno solo de los 108 más menos cinco) me reprochó que corriera por el recorrido inevitablemente compartido. Hubo uno que incluso me animó con un «¡venga!» que me supo a gloria. Quizá yo no cambié el gesto de la cara (ya llevaba más de diez kilómetros en las piernas y uno tiene que estar concentrado), pero ha sido una de las palabras de ánimo que más hondo me han llegado últimamente. Yo, falto de ideas, le contesté con otro «¡venga!».

Así que no es cierto el mito de que los ciclistas son muy prepotentes con sus carriles bici. O por lo menos los prepotentes son menos de un 1%. Claro que siempre habrá alguno que teniendo una amplia acera a dos metros, vaya con el carrito del niño y/o el perro suelto paseando por el carril bici y piense que estos ciclistas se están siempre quejando.

Y con esto ya llevo seis carreritas de las quince que me he propuesto. ¡Ya queda menos!

jueves, 15 de enero de 2009

Corriendo con el pelo congelado

En lo que a correr se refiere tengo dos objetivos ahora mismo:



(Lo de hablar en minutos por milla se debe a la costumbre heredada de mi periodo irlandés, que todo se pega).

Cuando tengo que trabajar con objetivos que son a largo plazo, para tener algo más motivador con lo que trabajar en el día a día suelo dividir mis objetivos grandes en sub-objetivos más manejables. De esta manera, me apunto diez objetivos por plazos de cinco semanas. A estos periodos de cinco semanas los llamo quinquetas (más que nada porque quinque significa cinco en latín, pero vamos que se le podía llamar de cualquier forma; lo de ponerle nombre es para reconocerle su existencia como unidad de tiempo). La presente quinqueta va del 4 de enero al 8 de febrero. Mi objetivo número 7 es el que está relacionado con correr, y dice así:

#7. «Ir corriendo de casa a la universidad [o al revés] 15 veces y correr los 15 km de la XIII vuelta pedestre de Tres Cantos»


Está añadido un resumen al final de la socorrida columna de la derecha. Como es lógico, "3KU" significa "de Tres Cantos a la Universidad", y "U3K" al revés.

La segunda parte del reto ya la he cumplido, y bien contento que estoy de ello.

En cuanto a la primera parte, más tarde añadí que para mantener un ritmo mínimo, el tramo de 8.68 km de carril bici tengo que realizarlo en menos de una hora (no es difícil si se tiene en cuenta que ya he hecho distancias equivalentes en ~42:15). Dicho recorrido ya me lo he hecho corriendo cinco veces, pero una de ellas estaba fuera del periodo de la quinqueta, y por otra parte el día de la nevada me paré muchas veces a fotos, y al final tardé algo más de una hora con lo que también queda fuera.

La tercera vez que lo hice fue ayer por la mañana, y menuda carrerita...

La tercera carrera del reto

Que conste que cuando en la encuesta de la derecha (arriba) puse la opción “Sí, mayormente con patines” me refería a patines de ruedas, no de hielo. Y es que hay días como ayer en los que más que correr parece que he salido a patinar. La combinación de niebla espesa (como si se tratara de un cuento de Sherlock Holmes) con frío intenso nocturno ha resultado en una mañana llena de placas de hielo. Hoy estaba prohibido correr sin cadenas.

Me hizo gracia ver que en carretera los carteles anunciaban “bancos de niebla”. ¡Como si no se viera! Pero es lógico, lo tienen que advertir para que los conductores no piensen que se han olvidado de limpiar las gafas antes de salir de casa. Lo que sí es cierto es que afectó mucho al tráfico: en el tramo en el que se incorporan los coches que salen de Tres Cantos iba yo corriendo mucho más rápido que ellos motorizados.

Como de costumbre, el frío no ha sido razón suficiente para que no fuera a correr. Tras los dos días de descanso autoimpuestos (debido a la carrera de 15 km que me metí el domingo en menos de 75 minutos), he vuelto a las andadas. Mochila al hombro, he salido de casa camino del trabajo.

Indiana Jones en Laponia

Sí, ha sido como una especie de peli de Indiana Jones.

Con la diferencia de que no me perseguían los nazis, ni rodaba detrás de mí ninguna bola de piedra enorme, ni llevaba en el bolsillo ningún talismán robado en algún templo.

En el km 2 me quité las gafas porque se me había empezado a formar hielo en ellas y ya casi no veía. Bueno, tampoco tengo tantas dioptrías.

La parte más chunga fue el puente de El Goloso, ese en el que el carril bici cambia de carril en el km 6.78 (según mi el sistema de referencia tricantino). Al acercarse uno al puente ya veía que las placas de hielo iban a ser de cuidado. Para subir por la rampa tuve que dejar de correr e ir muy lento sujetándome al pasamanos. No faltaron los pasos en falso. Por la rampa contigua para peatones (es decir, la que va a la parada de autobús, no la que viene desde el carril bici) iba subiendo una chica que no lo estaba pasando mejor que yo. Arriba del todo había mucha nieve, y como no había circulado mucha gente (había bastantes pisadas pero no tantas como en ciudad, claro), la nieve no se había concentrado para hacer hielo, por lo que se podía correr hasta la rampa de bajada. La bajada sí que fue complicada. Yo iba preparado para caer de culo en el momento menos pensado, pero al final me las arreglé bien y no pasó nada.

El resto del recorrido lo hice corriendo casi por completo, exceptuando el principio (que es otra rampa de bajada). En algunos tramos se me deslizaban los pies que daba gusto y tenía que ir dando pasitos muy pequeños, como si fuera un niño que está dando sus primeros pasos. No me preocupaba que viniera una bici, porque si a alguien se le había ocurrido semejande kamikazada lo más probable es que se hubiera kamikazeado al principio del circuito.

En general se podía ver por el brillo que por el centro del carril iba a resbalar algo menos, pero eso no siempre estaba garantizado, y siempre que podía me iba por fuera del carril, donde están la tierra y la gravilla. En una de estas casi me tuerzo el tobillo, porque la gravilla adyacente tenía una ligera pendiente que implicaba este peligro. Aún me duele un poco, pero si no está hinchado a estas alturas es que no va a tener consecuencias.

El misterio de la nieve ausente

Tengo una duda: ¿quitaron las máquinas quitanieves la nieve de la gran nevada del viernes? Porque nieve casi no había. Había hielo, pero eso era por la niebla y el frío. Si es así habría sudo todo un detallazo, pero tengo mis dudas. La nieve restante se encontraba exclusivamente en cuatro partes del carril bici:


  • el pricipio de los túneles (dentro no, claro, allí nunca había llegado la nieve),
  • encima de los puentes (como el de El Goloso y el de Tres Cantos),
  • debajo de los puentes (como cuando se pasa debajo de la carretera que va hacia Alcobendas),
  • y a los lados del carril.


Si hubieran quitado la nieve del carril, es posible que las máquinas no hubieran reunido condiciones de seguridad para subir al puente o no hubieran cabido en los túneles (por la altura). Pero, ¿por qué no se quitó la nieve de debajo de la carretera que va a Alcobendas? Esto me hace pensar en una segunda teoría: es posible que el carril bici absorba mucho mejor el calor que la gravilla por el tipo de material. Los días posteriores a la nevada hizo bastante sol que podría haber fundido la nieve. Pero debajo de los túneles, de la carretera y en las rampas de los puentes no habría llegado mucha luz, por lo que no fundió toda la nieve. Esta teoría tiene un punto flojo: ¿por qué no derritió el sol la nieve encima de los puentes? De modo que no estoy seguro ni de una cosa ni de la otra.

Si alguen sabe algo, que me deje un comentario. Y si no, que lo deje igualmente, ¡que no voy a hablar yo solo, caramba!

domingo, 11 de enero de 2009

La primera carrerita del año

Alguien dijo que «el fútbol es un deporte donde juegan once contra once y al final siempre gana Alemania». Bueno, hay otro deporte donde corren más tres mil y al final siempre gana un etíope, o un keniata. No siempre se cumple (tambien también es cierto que no siempre gana Alemania, no hay más que ver la última copa de Europa), pero en las carreras que en las que he participado hasta ahora se ha cumplido bastante a menudo, da igual que fuera en Irlanda o en España.

Por ejemplo hoy en la XIII carrera pedestre de Tres Cantos, que son 15 kilometritos de na'. Tengo un amigo que dice que correr es de cobardes. Hoy éramos más de mil cobardes poniendo pies en campos de Polvorosa. El más cobarde de todos el etíope, Fikadu Bekele ¡Menudo tío!

Es la primera carrera en la que participo este año, hacía un frío tremendo, y aún así vino mucha gente y yo lo pasé estupendamente.

Todo empezó el otro día, cuando en la parada del autobús me encontré este cartelote:



Todo lo que sea una excusa para correr me vale: ¿Que hay que ir a trabajar? Me vale. ¿Que hay que volver a casa? Estupendo. ¿Que hay una carrera a la que apuntarse? Fenomenal. ¿Que está lloviendo? No importa, ya tengo ropa extra en el trabajo. ¿Que está nevando? Guay, ¡me llevo la cámara de fotos! ¿Que voy a perder el tren? Quita quita, que eso cansa mucho.

El caso es que estoy contento. Estaba preocupado, porque estoy algo desentrenado. Al mudarme a España me he pasado un mes enterito sin correr y se nota. Ahora que estoy empezando, no sé si debería meterme una carrera tan larga. Máxime cuando esta semana ya tengo 34 kilómetros en las piernas. Pero oye, si me canso, pues voy más lento y ya.

Total, que voy para la carrera y... ups, ¡el dinero de la fianza para el chip! Vuelta a casa. Vuelta a salir. Ups, ¡el DNI! No voy a correr indocumentado... Vuelta a casa a por el DNI. Oh no, se ha hecho tarde. Hala, corriendo a la salida que si no no llego para el principio de la carrera. Soy lo peor. Eso sí, me vino bien el calentamiento. Luego no me pidieron el dinero de la fianza, y lo del DNI era una tontería, porque para eso tiene uno un dorsal con números bien gordos que lo identifican. Tonterías que le pasan a uno.

Entre la lesión de la cadera del pasado verano, y la mudanza internacional, esta es la primera carrera "oficial" que corro desde el la carrera de cinco millas en Dublín, del lejano 12 de julio, me digo a mí mismo que si lo corro en menos de 90 minutos (seis minutos por kilómetro), me doy con un canto en los dientes. En esta población hay tres cantos para elegir, y muchos piños, así que... (¿qué pasa? ¿que no puedo hacer chistes malos? ¿o qué?)

Empieza la carrera y cuando voy por el segundo kilómetro miro el reloj. Hm... estoy corriendo a 4:50 el km. Eso es más rápido de lo que estoy entrenando estos días. Pero me siento bien y no tengo la sensación de estar forzando nada. Al paso por el tercer kilómetro sigo manteniendo el ritmo. Y por el cuarto. Ya empiezo a pensar en que puedo terminar la carrera en menos de... a ver... aritmética elemental... ¡1h 15! Animado por el nuevo objetivo, sigo corriendo.

Kilómetro cinco: miro el tiempo en el cronómetro de mi móvil. Ups, 24:22, parece que estoy aflojando, tenían que ser 24:10. Me dan una botellita de agua en el kilómetro cinco que me valio para atragantarme. Paso por el km 6, y la cosa empeora: en vez de 29:00 son 29:35. En el km 8 el afloje generalizado es patente: 39:39, lo que quiere decir que estoy acercándome peligrosamente a un ritmo de 5 min/km. Y aún falta la mitad.

Ni me doy cuenta de por dónde estoy corriendo. Yo voy viendo torres del agua, elefantes azules, puentes sobre parques... Nada, yo sólo sigo la corriente humana. Ya es distinto del principio. Al principio es una especie de marabunta donde el principal objetivo es no ser pisado, unido a no pisar a nadie. Por la mitad de la carrera hay más espacios, y ya la gente está agrupada por ritmos, de manera que siempre se corre cerca de los mismos. Me fijé en un tipo que estaba a unos veinte metros delante de mí, y que tenía una braga naranja en la cabeza (no, bragas no, una braga, caramba). El cabrón seguía ahí delante, al igual que muchos otros. Era como si fueran pasando la ciudad por debajo de los pies y nosotros estuviéramos quietecitos contemplándolo todo.

¿Conseguiré llegar al km 10 antes de los 50 minutos? En esto estaban mis pensamientos. El día era soleado y estupendo, y como correr ocho kilómetros calienta el cuerpo, ni hacía falta llevar guantes. A pesar de estar a cero grados o así.

Llego al kilómetro 9 con un tiempo de 44:46. Parece que sí que conseguiré llegar al kilómetro 10 en menos de 50 minutos. Premio de consolación, porque ya no sé si aguanto el ritmo hasta el final. Bueno, oye, se intenta pero... es que al final no he entrenado nada en diciembre. No se le pueden pedir peras al olmo.

La marca del km 10 no aparece. Tras un giro nos encontramos con una cuesta guarra que esfuma mis sueños de conseguir incluso mi premio de consolación. Empujo un poco. Al menos aguanta el ritmo hasta el kilómetro diez, venga, digo para mis adentros. Paso la marca de los 10 km, y el asqueroso de mi cronómetro marca 50:00.10. No lo he conseguido por una décima se segundo. ¡Una décima! Hay gente que es condescendiente consigo misma en estos casos, pero yo no. El cronómetro es mi árbitro y el momento en que aprieto el botón al pasar al lado del cartel es el veredicto. No me llevo ni el premio de consolación. Al fin y al cabo decía que me daba con un canto en los dientes si lo hacía en menos de 90 minutos, ¿no?

Me ofrecen más agua pero paso (y nunca mejor dicho lo de "paso"), beber y correr es una tarea ardua.

Corro algo cabreado hasta el km 11, donde llego ya con 55:09. La cosa empeora, pero ya sabía que iba a ser así. El tipo de la braga naranja está un pelín más lejos, pero no demasiado. Quizá él también se esté quedando sin fuelle. En mis carreras de 10 km frente a mi casita en Dublín a veces me pasaba: empezaba muy animado y luego no me quedaba para el final. Alguna vez acabé a un ritmo de seis minutos por kilómetro o peor.

Entonces es cuando me cabreo conmigo mismo. Vamos a ver, quedan cuatro cochinos kilómetros ¿y no soy capaz de remontar diez segundos? ¡Diez segundos! Ni que estuviéramos hablando de vetetuasaberqué. No, esto no funciona así. Me cabreo con el tipo de la braga naranja sin que él lo sepa y empiezo a apretar. Hay que adelantarle como sea.

Aprovecho una ligera bajada y llego al km 12 en 1h 00:12. Sigo perdiendo, pero ya no pierdo diez segundos por km como antes. Esto está mejor. Hay que empujar más.

No sé de dónde saqué la energía, pero el caso es que antes del km 13 adelanto al de la braga naranja. Ya no le volví a ver el pelo. Bueno, tampoco se lo había visto mucho antes, con la braga esa.

Noté una cosa, y es que comparados con los irlandeses, los españoles son más ruidosos. Menuda novedad, ¿verdad? En las carreras que hacía en Irlanda oía a la gente decir «well done!» así con voz casi normal. Algunos alargaban un poco la "o" de "done", y decían «well dooooone!». También había quien aplaudía. Y ya, más o menos. En España no, en España la gente dice a todo pulmón «¡¡VAMOS VAMOS VAMOS!!», o bien «¡¡QUE TE ESTAMOS PILLANDO CABRÓN!!» (esto dicho entre corredores), o también «¡VENGA JODER, DOS KILÓMETROS Y YA ESTÁ!». Otros corrían cerca de donde estaba la parienta, que tenía una cámara de fotos en la mano. Probablemente el objetivo era sacarle una foto al marido en acción, pero en lugar de eso se la ve rebuscando entre los botones agobiada; probablemente tenga la sensación de que se han multiplicado por cinco (los botones), y no sabe cuál es el de encendido; mientras tanto el marido en cuestión berrea «¡¡VAMOS COÑO!! ¡¡PUES MENUDA FOTÓGRAFA!!».

Nos habíamos quedado en el km 13, y acababa de adelantar al de la braga naranja. No tenía muy claro si era yo el que había avanzado o él que se había quedado atrás, pero lo cierto es que he tenido que empujar bastante. Todo es relativo. Lo que no engaña es el móvil-cronómetro: ahora marca 1h 04:56, estoy otra vez "dentro". Si sigo así me llevo el "premio gordo" (llegar antes de 75 minutos, quiero decir, porque a estas alturas ya había gente pasando por la meta) incluso si me he quedado sin el de consolación. ¡Wow!

No es el momento de aflojar. Empiezo a adelantar a gente. Ahora me he quedado sin la referencia de la braga naranja y necesito otra nueva, pero los finales de carrera son muy extraños: se mezclan los que encuntran energías de donde no las hay, los que habían guardado energías de sobra para el final, y los que se dan cuenta de que se han pasado al principio y se van quedando atrás. En las otras carreras también fue así. Se rompe el orden en el que íbamos todos y ya no tiene sentido seguir a un sujeto concreto. Caos. Este me adelanta, el otro se queda atrás. Vaya lío.

Llego al kilómetro 14 en 1h 09:50, sólo tengo diez segundos de margen y no hay que confiarse. Se empieza a ver a gente que en lugar de correr llevan las bolsas que dan en la meta. Es una especie de recochineo, como el que dice «vosotros aún corriendo y yo me piro para casa». Todo esta en mi interior, claro, a esa gente lo único que le interesa es darse una buena ducha.

Al fondo se ve el cartel que dice "zona de calentamiento", y se empieza a oír la megafonía del tipo que habla en la prueba. Siempre he admirado a esos tipos, consiguen decir palabras y palabras durante cerca de una hora sin tener realmente nada que decir. Y no vale decir «bien, ya ha llegado el 233... bien, ya ha llegado el 356...», ni tampoco «well done!». Ni siquiera «well dooooone!».

Llego a las últimas curvas y la meta está ahí. Está a la vista, pero no lo tengo tan claro, me quedan treinta segundos y una curva... giro la curva... veinte... ah, sí, ¡ahora sí! Paso la meta, aprieto el botón del móvil. Miro. ¡¡1h 14:53.87!! ¡Lo he conseguido por siete segundos! Más tarde confirmo que mi móvil no está en desacuerdo con el chip (me fijo en el tiempo del chip, o tiempo neto, que es el que puedo controlar yo).

Qué emoción. Correr es estupendo. Y vaya sol... Já estou com vontade de ir correr a Meia Maratona de Lisboa de este ano!

Todos los caminos conducen a Tres Cantos

Nota: cuando pongo «SRTC» quiero decir «sistema de referencia de Tres Cantos», es decir, la distancia que hay por el carril bici desde el puente por en que se entra al norte de Tres Cantos.


Todos los caminos conducen a Roma. Bueno, aquí no... aquí conducen a Madrid (todo el mundo sabe que en esta parte del mundo los mapamundis son de Madrid). Y si no que se lo digan a los distintos usuarios de la A-1, A-2... A-N.

En Roma el kilómetro cero venía indicado por el Milliarium Aureum (menudo palabro, ¿eh? ¿a que asusta?), y como España no podía ser menos que el Imperio Romano, se hizo un kilómetro cero en la Puerta del Sol. Normalmente las distancias de las carreteras se indican desde la famosa baldosa de susodicha plaza; lo mismo pasa con los números de las calles. La foto siguiente la he sacado de la Wikipedia (concretamente, de aquí), y no es más que la baldosa mencionada:



Esto, que no creo que sea ningún secreto para la inmensa mayoría de los muchos lectores de este blog, queda muy chulo para comentar un hecho completamente irrelevante: puesto que no vivo en la Puerta del Sol, me he dedicado a hacer un cambio de coordenadas para poder medir mis carreras.

Puesto que yo vivo en Tres Cantos, todo el rollo ese de las distancias a la Puerta del Sol no es de mucha ayuda para saber cuánto me queda para llegar al trabajo en mi carrerita diaria. Así que desde un punto de vista meramente tricantino que se adapta a mi realidad actual, he tomado algunas medidas.

Y ustedes dirán ¿para qué esta pérdida de tiempo? No, no me refiero a la perdida de tiempo del lector mirándose esta página (eso ya lo sabrá usted), sino más bien a ¿y a mí qué leches me importa medir mis carreras? Bueno, pues para mí es importante conocer las distancias, ya que de otra forma no podría saber a qué ritmo he estado corriendo antes de terminar la carrera (ya que saberlo cuando ya he terminado no es muy útil). Cuando se quiere mejorar la velocidad o quemar calorías, el ritmo es importante, ya que hay una velocidad óptima para cada caso (algunos especialistas hasta hacen tablas con todo esto).

Por otra parte, puesto que un factor muy importante de mi motivación está en el competir conmigo mismo, si identifico cada lugar puedo ir comparando mis tiempos con los tiempos de otras veces que he corrido y saber si voy rápido o lento.

Cuando estaba en Dublín era mucho más fácil: daba diez vueltas a la manzana. Cada vuelta, casualmente, era un kilómetro. Y así me hacía mis diez kilometritos diarios. Cada vuelta podía ver si estaba aflojando o no. Pero por otra parte tampoco me llevaba al trabajo. El aburrimiento lo combatía escuchando a Freddy Mercury (algo que probablemente el lector esté haciendo para llegar al final de la entrada de hoy).

Haciendo una pequeña investigación con la ayuda del Google Earth, he encontrado las siguientes distancias que aparecen a continuación. Me lo he currado un poco y hasta he añadido mapitas con el carril bici en rojo. Yo me despido ya, porque lo que sigue es un corta-pega del archivo donde puse las distancias de referencia...




Errores de 0.01 km
Entre paréntesis distancias desde la salida de la Universidad

desde portal de casa hasta el carril bici: 0.93 km (aquí no depende de mí la velocidad, dado que hay que cruzar calles con coches, etc)



* km0 (8.68) > bifurcación del carril bici en el puente que va a Tres Cantos norte
km 0.79 (7.89) > hay una abertura en el guardarraíl a la derecha

* km1 (7.68) > 60 m antes de la primera construcción de un conjunto que hay a la izquierda [editado: ni idea de lo que serían esas construcciones cuando el satélite hizo la foto, pero me temo que ahora sólo hay una plataforma de cemento]
km 1.27 (7.41) > justo en medio de un pequeño túnel por el que pasa el carril bici
km 1.46 (7.22) > pasando por un cruce/incorporación desde la estación de tren (los coches pueden seguir por un camino de tierra a la derecha)

* km2 (6.68) > 40 m después de una entrada en la autovía que conecta con una entrada a una ¿finca? a la derecha
km 2.56 (6.12) > a la derecha las vías del tren se meten en un túnel



* km3 (5.68) > 20 m antes de la marquesina de autobuses que hay junto al puente verde
km 3.09 (5.59) > a la altura del puente verde
km 3.89 (4.79) > a la altura del puente rojo

* km4 (4.68) > 110 m después del puente rojo (¿donde los palotes amarillos?) - hay una especie de vado de la carretera a la izquierda
km 4.08 (4.60) > el principio de una abertura al tráfico de 30 metros por la izquierda
km 4.35 (4.33) > casita a la izquierda entre el carril bici y la carretera - DIEZ METROS DESPUÉS DE LA MITAD

* km5 (3.68) > 40 m después de una ¿casucha? que hay entre el carril bici y la autovía [editado: al final no era una casucha, sino una especie de plataforma de cemento que no sé qué función tiene. ¡Qué distinto se ve todo a pie de calle!]
km 5.20 (3.48)> principio del jardín de la casa que hay a la izquierda antes de la cuesta principal [editado: a esta cuesta ya la empiezo a llamar "la Gran Cuesta", porque es la más abrupta de los 8.68 km]
km 5.55 (3.13) > una carreterilla (que sale de la casa anterior) cruza el carril bici



* km6 (2.68) > 50 m después del puente que hay a la derecha con el camino de Navalasmuelas (y antes de un puente que lleva a la izquierda a El Goloso)
km 6.25 (2.43) > El Rey Miguel (!)
km 6.78 (1.90) > encima de la mediana de la carretera de Colmenar, sobre el puente

* km7 (1.68) > 50 m antes de llegar al cartel alto con indicaciones, en medio de la carretera y la vía de servicio
km 7.58 (1.10) > bifurcación del carril bici con la llegada desde Alcobendas
km 7.67 (1.01) > debajo de la mediana de un puente por el que pasan coches
km 7.76 (0.92) > una carreterilla se cruza para ir a una casa donde ladran chuchos
km 7.84 (0.84) > división cartel Alcobendas-Madrid
km 7.89 (0.79) > comienza el contacto con la carretera sin guardarraíl

* km8 (0.68) > 30 m antes de la altura a la que empiezan las pistas de tenis a la derecha
km 8.05 (0.63) > parece que por aquí vuelve a empezar el guardarraíl
* km 8.68 (0.00) > FINAL DE LA CARRERA en las barreras de acceso a la Universidad

desde el acceso a la Universidad hasta la puerta del CBM: 0.41 km (nuevamente, en estos últimos 410 metros mi velocidad no depende de mí)

total desde el portal hasta la puerta del CBM: 10.02 km

viernes, 9 de enero de 2009

Fotos de la gran nevada

Bueno, lo prometido es deuda y una imagen vale más que mil palabras, así que aquí van las fotos que os comentaba.

Este era el aspecto que tenía la ciudad esta mañana a las 10:15,



Ya saliendo de Tres Cantos, pasando por el puente que pasa sobre las vías del cercanías, esto es lo que se veía:



La incorporación al carril bici desde el norte (sí, aunque parezca curioso, la única manera de incorporarse al carril bici desde el norte de Tres Cantos es haciendo treinta metros campo a través) se presentaba así:



Este es ya el carril bici, aunque no se reconozca tan blanquito. La bifurcación que hay al fondo marca el km 0 de mi carrera habitual:



El paso por el km 3, algo antes del puente verde que indica el acceso al sur de Tres Cantos:



Unos metros después de cruzar la mitad del recorrido. Esta casita me sirve de punto de referencia. Ha quedado rodeada por el carril bici por una parte y la carretera por otra:



Mi huella mezclada con las huellas de otros amigos que anduvieron por ahí:



Por mis huellas (o más bien por la ausencia de otras huellas) se diría que soy el único chalao que estuvo por aquí hasta este momento:



Mirando atrás, desde lo alto de la cuesta del km 5.80 (probablemente una de las cuestas más absurdas que se han visto en un carril bici, porque como se puede ver, los coches a la izquerda tienen la carretera bien allanadita). Pensé que iba a encontrar una bonita vista desde aquí, como de costumbre, pero la neblina lo impidió:



Mis pies cerca del paso por el km 6:



Paso por el túnel del km 6.25, donde la pintada del un tal Rey Miguel, el que pasó por ahí ya me entiende (al principio creía que era algún pringao con delirios de grandeza, pero leyendo esta entrada del blog IronMandream entendí a qué Miguel se refieren, al final hasta es un homenaje y todo...)



Las cosas de siempre tienen un aspecto diferente hoy. Estos zapatos los veo siempre desde el puente donde el carril bici pasa al otro lado de la carretera de Colmenar:



Pasando por el puente, en el km 6.78:



Por aquí me encontré a un amigo juguetón llamado Rex:



Ya voy llegando a la Autónoma, pensar en la ducha caliente que me voy a dar es la principal motivación para seguir corriendo:



¡Misión cumplida! Se me olvidó echar una foto al poste que simboliza el final de los 8.68 km, lo dejo para otro día. Al fondo se ve el edificio del CBM:



Puf, cómo se ha quedado el pobre don Severo:



¡Y esto es todo por hoy!

Corriendo entre la nieve

Inauguro este blog con las impresiones de la que ha caído hoy.

Como (casi) cada mañana desde que trabajo en la Autónoma, me puse la mochila de correr al hombro y me lancé a los 8.68 km de carril bici que separan Tres Cantos de la universidad.

El asombro llegó cuando antes de salir miré por la ventana y vi la pista de tenis de la comunidad de color blanco. ¡Guau!

Lo bueno

Es la primera vez que corro entre la nieve, y la verdad es que ha sido una experiencia estupenda. Es curioso, pero en dos años corriendo en Dublín no me había encontrado nada parecido. Me lo tengo que encontrar ahora que acabo de volver al sur.

No corrí muy rápido, más que nada porque me llevé mi cámara de fotos y de vez en cuando me paraba para inmortalizar el momento. Ahora no las puedo poner aquí porque no tengo a mano el convertidor para conectar la tarjeta de memoria al ordenador, pero en cuanto regrese a casa las pongo.

La nieve no era muy alta cuando corrí por el carril bici, quizá un centímetro o así. Correr entre nieve, si no es muy alta, es mucho mejor que correr bajo la lluvia, claro: la ropa no se empapa, los zapatos tampoco, y con un poco de suerte cortan la carretera a los coches y se está más tranquilo. Y al fin y al cabo no hacía tanto frío, según el termómetro del Hotel Foxa 3 Cantos (que no sé qué reputación tendrá) estábamos a dos bajo cero. Otras veces sin nieve he corrido con más frío, y la verdad es que cuando el cuerpo se calienta uno no lo nota tanto.

Además, con un centimetro de nieve el suelo es mucho más blandito, algo así como correr entre césped, lo cual es muy bueno para las articulaciones.

Lo malo

Parece que habría que incluir entre lo malo la posible pulmonía que uno se puede pillar. Lo cierto es que no creo que la nieve aumente las probabilidades de coger un buen resfriado. Eso más bien depende de la gente que hay cerca (y que te lo pega) unido al frío (que debilita el sistema inmune, y con el amigo resfriado no es muy bueno). La sensación de frío es mayor si uno está mojado, pero cuando nieva la ropa no llega a empaparse como cuando llueve. Así que esto lo descarto (salvo en casos de mala suerte).

Otro peligro posible sería que un vehículo deslizara hacia un lado y me diera. Pero el carril bici está muy apartado en el 99.2% del recorrido, y separado por guardarraíles y pequeños muros de hormigón, así que esto tampoco era muy arriesgado.

El peligro que he visto ha sido más bien en las bajadas, que a veces deslizaba un poco el pie. En esas ocasiones la probabilidad de torcerse uno un tobillo son mucho mayores. Si esto sucede, uno puede acercarse a la parada de autobús más cercana y seguir calentito en transporte público.

También otro "peligro" es que uno se puede salir del carril bici y sin darse cuenta ir por en medio del campo. De hecho, esto me pasó. De pronto me dije «uy, qué raro, hierbajos en medio del carril bici, ¡no recordaba haberlos visto antes!».

El feo

Sí, eso mismo es lo que debían de pensar de mí los que iban en coche.

En un par de ocasiones la gente que iba en coche me llamó la atención, creo que mostrando su empatía. Unos tocaron la bocina, como cuando España pasa a cuartos, y otros gritaron desde la ventanilla "dale duroooooo". ¡Me hizo gracia! La gente que iba en coche debía de pensar que era un machote correcaminos o un gilipollas sin paliativos, una de dos. Al haber tanto coche por la M-607, lo más probable es que hayan pensado de todo.

Sólo vi pisadas de vez en cuando, durante algunos metros del recorrido. La mayoría eran de pajaritos que pululaban por ahí. El resto eran probablemente de gente que iba a la parada de autobús o algo así. También durante algunos metros vi unas marcas como de bici, pero no duraron mucho. Al principio pensaba que eran dos bicis, pero probablemente se trataba de la misma bici, de vuelta. Y es que en bici sí que no me lo habría hecho, menuda torta más tonta se puede uno pegar si se descuida. Luego ves a decirle a la gente que te la has dado por pedalear entre la nieve. El caso es que, si no venía nadie siguiéndome, creo que yo fui hoy el único que usó el carril bici entero (a juzgar por las marcas en la nieve).

Fue una buena oportunidad para practicar para el maratón que me gustaría correr algún día en la Antártida (aunque el precio para apuntarse a esa carrera es un poco más caro que el que estoy acostumbrado a apoquinar).