Hace tiempo que quiero poner una entrada para presentaros al nuevo compañero de piso, Cosme.

Ya le mencioné hace poco (ya que, junto con Lola, está apuntado al
reto chocolatero en su versión canina, que consiste en un hueso de cuero), y ya ha aparecido en
Jamón verdeCosme es un hermoso (y travieso) cruce de mastín con pastor alemán que tras quedarse en el paro (tenía contrato indefinido como vigilante de seguridad en un jardín, pero... cosas de la crisis) se ha venido con nosotros el pasado mes de septiembre. Ahora está haciendo unos cursos del INEM para ser perro urbano, y de vez en cuando sale a correr conmigo. Unas veces voy corriendo con él, y otras voy montado en Rucio por el Parque Central.
Ir en bici con un perro es más fácil de lo que pensaba. A Cosme le gusta mucho tirar (aunque tras un cursillo intensivo ya sabe controlarse), y pensaba que sería muy fácil para él desequilibrar la bici. Sin embargo, tras hacer unas pruebas, vi que la bicicleta en marcha tiene suficiente estabilidad como para aguantar sus tirones (aunque si apareciera un gato igual la cosa cambiaba) atando su correa al trasportín de la bici.
Correr se hace ya más complicado si uno no tiene el equipo adecuado. Más que nada por las leyes fundamentales de la física: ni mi centro de gravedad está en mi mano (que es lo que sujeta la correa), ni el centro de gravedad de él está en el cuello, que es donde tiene el collar. Pero recientemente he descubierto el
canicross, un nuevo (nuevo para mí, quiero decir) deporte en que humanos y cánidos se complementan para quemar grasas y liberar endorfinas.
No es sencillo encontrar quien venda el equipo adecuado para hacer canicross, y desde luego no es lo más barato, pero la
Pingüina Veloz, ilustre canicrossera, ya me ha recomendado
el mejor sitio en el que hacer tamaña inversión.
¡Os tendré informado sobre nuestras aventuras!