
La flor de la foto es una de las últimas que se pueden ver por el carril bici. Está cerca de las encinas de la mitad del camino, y la foto es del 21 de octubre. Para ser una flor de junio, llama la atención que a finales de octubre aún quede alguna aguantando hasta el último momento.
Me encanta el aspecto que tienen estas plantas. Son bianuales. El primer año se lo pasan con la pinta de una especie de lechuga rara de hojas gruesas y aterciopeladas. En esta fase de su vida, llaman poco la atención y rara vez uno se fija en ellos. Tienen esta pinta:

Durante su segundo año al principio pasan desapercibidos, pero al final de la primavera crecen vertiginosamente sacando a relucir un montón de flores amarillas. Tras el verano, van secándose poco a poco y sin que uno se dé cuenta, los gordolobos que están en su segundo año desaparecen. Bueno, en realidad, aunque ya sin vida, no desaparecen físicamente, muchos quedan ahí incluso hasta el año siguiente, secos, de pie, como una especie de planta-zombi de color marrón oscuro que se confunde con los arbustos y en la que uno normalmente no repara.
Con las hojas de los gordolobos jóvenes (los que están en su primer año) se puede hacer té de gordolobo, pero como la planta es tan abundante nadie lo vende en el supermercado y consecuentemente nadie toma té de gordolobo. Así que paradójicamente, está por todas partes pero por los milagros de la mercadotecnia, nosotros nos tomamos un té hecho con hojas que se traen del otro lado del planeta (situación muy parecida que se da con las acículas de pino, que además al parecer tienen vitamina C y todo). Por cierto, si os apetece haceros un té de gordolobo, deciros que es mejor coger las hojas del interior del "cogollo" (hay quien dice que las del exterior dan pesadillas, mientras que las del interior ayudan a dormir, pero yo no lo he observado), y hay que lavarlas bien (especialmente si cogéis de las del carril bici, porque después de un año al lado de la M-607 cogen mucha guarrerida de los coches).